Las Huellas del Exilio | La incansable activista

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Yerling cree firmemente en el poder de los movimientos sociales para salir de dictaduras. Multienfoque/ Ilustración de Jairo Pérez.

Es una de las voces que incomodó al régimen Ortega-Murillo y a sus seguidores a nivel internacional. Dejó las aulas de clases y los escritorios para denunciar las violaciones a los derechos humanos en Nicaragua. Incansable feminista y activista; su nombre, Yerling Aguilera.

Yerling es originaria del departamento de Ocotal, joven feminista de origen rural. Su mamá trabajaba mucho para poder brindarle todas sus necesidades, laboraba en un pueblo cercano, por lo que solo podía ver a su hija los fines de semana. Al transcurrir el tiempo, su mamá ya no la podía sostener materialmente, esto ocasionó que su familia paterna se encargara de criarla, aunque siempre estuvo en contacto con ella. Con apenas 16 años vivió directamente el alcance del machismo, cuando un hombre se obsesionó con una prima hermana de ella y la asesinó, la joven aún la recuerda, era como una hermana para ella.

Ese evento doloroso y su origen (venir de una familia pobre con casa marginal), fueron los alicientes que la enrumbaron con el activismo. “También el hecho de enfrentarme en el día a día con las injusticias, la pobreza es una forma de injusticia, la exclusión social, el estar marginado del sistema de educación; fueron los elementos que sentí que me terminaron de dar un empuje para posicionarme críticamente frente a un sistema de exclusión e injusticias. Es lo que da el sentido de mi activismo”, expresa.

A sus 27 años es socióloga, investigadora y ejerció como docente universitaria. Se muestra satisfecha de su carrera profesional, porque le ha costado al punto de “quemarse las pestañas” estudiando para lograr sus metas. Con sus esfuerzos logró tener una vida y estatus económico estable, hasta antes de abril de 2018.

Injusticias

Yerling señala que luchar y alzar la voz contra las injusticias sociales es el centro de su activismo, motivo por el cual no podía quedarse quieta o callada con el contexto de Nicaragua y en concreto contra la reforma al seguro social de abril de 2018, que desencadenó el estallido social.

El 18 de abril de 2018, luego de salir del trabajo, ella junto con un compañero de trabajo y la esposa de él decidieron sumarse a la protesta en la universidad centroamericana (UCA). Yerling vivía en las cercanías del recinto universitario. A las cuatro de la tarde los tres se encontraban en el portón principal de la universidad, con carteles para protestar contra la reforma. La joven activista recuerda la tensión de ese momento.

Al mismo tiempo, otro grupo de ciudadanos se manifestaban por la misma causa en el sector de Camino de Oriente en Managua, donde fueron atacados y asaltados por miembros de la Juventud Sandinista (JS) y la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía (DOEP). La protesta fue reprimida, agentes de la DOEP utilizaron gases lacrimógenos y bombas aturdidoras, mientras que la JS llevaba palos, bates y artefactos cortopunzantes para agredir a los manifestantes. La DOEP y la JS lograron disolver la protesta en Camino de Oriente, pero Yerling y otros ciudadanos seguían manifestándose en la UCA.

A las 7:00 p.m., simpatizantes del gobierno -a bordo de motocicletas-, JS y policías, se hicieron presentes en la universidad, para tratar de aplastar la manifestación pacífica que mantenían ciudadanos. “Nos comenzaron a insultar (simpatizantes del gobierno Ortega-Murillo) diciéndonos fresas y burgueses. En ese momento sabíamos que nos podían agredir”, rememora.

– ¿Qué pasó después?

– No pasó mucho tiempo cuando aparecieron más motorizados. Al principio los guardias de la UCA nos cerraron el portón, quedamos a merced de las turbas.

Posteriormente, la JS comenzó a tirar piedras y huevos a los manifestantes que se encontraban atrapados y a merced de las fuerzas represoras del régimen Ortega-Murillo. Rastros de huevos, combinados con piedras, (que tiraban miembros de la JS a los estudiantes) se esparcían a lo largo y ancho de las gradas del portón principal de la UCA. A los extremos de la calle, hombres, intimidantes, a bordo de motocicletas con tubos y palos, listos para agredir al grupo que se manifestaba.

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Las protestas en Nicaragua crecían ante el descontento por la reforma al seguro social y la represión de grupos pro gubernamentales. Multienfoque/ Ilustración de Jairo Pérez.

La violencia escaló y los motociclistas comenzaron a sacar palos para agredir a los protestantes; en eso los jóvenes, en un impulso desesperado, lograron abrir el portón principal de la UCA para resguardarse. Los agresores no entraron al campus, aunque hicieron el intento. Ante las miradas de incertidumbre, susto y rabia de las personas que protestaban tras ser agredidas, se presenció una de las escenas más surrealistas posibles; los agresores (JS, policías y simpatizantes del gobierno), comenzaron a sonar en altoparlantes música alusiva a la paz: “lo que queremos, es trabajo y paz, juntos digamos reconciliación…” (una de las canciones de campaña de Daniel Ortega) se escuchaba, mientras danzaban ante las miradas perplejas de los ciudadanos que quedaron atrapados en la universidad.

Las imágenes de la agresión y la dantesca escena de los represores danzando con música de paz de fondo, fueron los factores que desencadenaron más protestas en el país. Yerling relata que para salir de la UCA tuvo que abordar un carro en el que iban once personas, porque luego de la agresión, los simpatizantes al gobierno seguían frente a la universidad. La joven logró salir de la zona, marcando así el inicio de su involucramiento total en la sublevación de abril de 2018 en Nicaragua.

El inicio del viaje

Con el recrudecimiento de la represión gubernamental y por su activismo, Yerling recibió la invitación (por parte de otros activistas nicaragüenses que actualmente pertenecen a la Articulación de Movimientos Sociales) para participar en una caravana internacional, con el fin de desmitificar el discurso de Daniel Ortega a nivel internacional y exponer los abusos a los derechos humanos en el país.

Al inicio, ella se negó a participar en la iniciativa para visibilizar internacionalmente las acciones represivas del gobierno Ortega-Murillo, porque no quería abandonar Nicaragua. Sentía que su “lucha” –contra los abusos gubernamentales- debía llevarla a cabo en el país, porque desde su punto de vista, lograba hacer más por Nicaragua dentro del país que en el extranjero; pero, luego de analizar la situación y con la incorporación de más personas, la joven activista aceptó.

La Caravana de Solidaridad Internacional por Nicaragua (como se le denominó a este grupo que denunció internacionalmente al régimen) estaba conformada por tres personas: en representación de las y los estudiantes se eligió a Madelaine Caracas; como persona vinculada en trabajos con jóvenes se optó por Jessica Cisneros; y alguien con una postura desde la izquierda crítica (una persona con ideología de izquierda, pero que se muestra crítica y no calla ante situaciones de injusticia cometidas por partidos que dicen representar dicha ideología), en este caso, Yerling Aguilera. “A partir de eso emprendemos la caravana hacia Europa, y porque sentimos que hay una necesidad de sumar solidaridad con la gente que está en la lucha cívica. Entonces en ese momento venimos a Europa e iniciamos una pequeña gira que luego se extendió a otros países”, explica.

La idea era visitar países europeos durante un mes, por ello, las tres empacaron ropa para unos 20 días, porque creían regresar a Nicaragua. Pero la realidad fue totalmente distinta. “Cuando salgo de mi casa, yo dije ‘estoy saliendo, pero voy a regresar’, aunque eso no quitaba de que sintiera algunas cosas al salir; por ejemplo, recuerdo que salí por el aeropuerto, algo que fue muy tenso, por los protocolos de salida, debido a lo que se vivía en el país”, rememora Yerling.

Cuando el avión comenzó a despegar, experimentó un calvario interno, no quería abandonar su país, sabía que estaba aportando al movimiento cívico que se erigió contra el gobierno, pero estaba triste. Comenzaron a brotar poco a poco lágrimas de sus ojos, no las podía controlar. Todo el trayecto de Nicaragua a Panamá (su escala) lo pasó así. Sentía que dejaba una parte de ella.

Para calmarse, pensaba en su regreso a Nicaragua, de cierto modo la tranquilizaba. Los hechos fueron distintos a lo que imaginaba para tratar de controlar sus emociones. Yerling no sabía que desde ese momento no regresaría a su patria, que pasaría –luego de abordar ese avión- más de un año en el exilio. “Me exilié sin darme cuenta”, dice.

Desde el avión veía Managua. Se apreciaba tan tranquila, serena. Una ciudad pacífica. “Cuando comienzo a ver la ciudad desde arriba, la comenzás a ver como un espacio muy sereno y yo me decía ‘¿cómo es posible que esta ciudad que estoy viendo desde arriba, hacia abajo estén asesinando a la gente? ‘ Iba súper triste en el avión, quería regresarme”.

Cuando llegó a Panamá seguía llorando, aunque para ese momento no sabía que luego de participar en la caravana, su regreso a Nicaragua no se efectuaría. Yerling quería regresarse, en su mente se asomaba el pensamiento de que se había equivocado. “Quería tomar el siguiente avión que salía de Panamá a Managua”, comenta con una breve risa luego de rememorar el momento.

– ¿Qué sentiste luego de pensar eso?

– Emocionalmente estaba muy golpeada, porque dejaba a mis amigos, mis amigas, gente que estaba atrincherada y dejaba congelado mi trabajo, mi vida. Lo peor que salí con la idea de que iba a regresar. Me mentalicé y me dije ‘ok, voy a salir, pero regresaré’.

Caravana de la solidaridad

Tras reflexionar por un tiempo, se dio cuenta que la realización de la caravana era necesaria. En el exterior –durante los primeros dos meses de la represión gubernamental en Nicaragua- se hablaba poco o casi del tema, esta fue la realidad que se encontraron en Europa.

La joven sostiene que la naturaleza de la caravana fue como la de las protestas, “autoconvocada” y “autogestionada”. No obstante, rescata que, sin el apoyo de la diáspora nicaragüense en Europa, no la hubieran podido llevar a cabo.

– ¿En qué ayudó la diáspora?

– Por ejemplo, cuando viajamos a Europa esos boletos se pagaron con actividades que realizaba la comunidad migrante que está en Europa. En cuanto a la estadía: cómo nos movíamos, lugar donde dormir, dónde quedarnos; todo eso fue gestionado por las familias nicaragüenses en Europa. A lo largo de la caravana hubo grupos que se reunieron para apoyarnos, sin ellos creo que no hubiéramos hecho absolutamente nada. No teníamos recursos, y por eso logramos realizar actos y reuniones de incidencia política con consejos políticos y organismos de derechos humanos.

Pese a que ninguna de las tres integrantes de la caravana se conocían, rápidamente comenzaron a entablar una relación cordial y afectiva. “Yerling y yo no nos conocíamos, literal nos conocimos el primer día que nos encontramos en el primer país de la caravana. Y de repente teníamos que compartir el lugar donde dormíamos, ya sea en camas o solo en colchones, compartir ese espacio juntas”, cuenta Madelaine Caracas.

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A cualquier lugar, por medio de la caravana, Yerling mantenía la creencia de que “Solo el pueblo, salva al pueblo”. Multienfoque/ Ilustración de Jairo Pérez.

En poco tiempo, Madelaine confiesa que su relación con Yerling fue más abierta. Llegó a admirar a la joven socióloga por su activismo y la forma de ver las cosas; incluso en un contexto tan diferente como el europeo.

– ¿Qué aprendiste de tu convivencia con Yerling?

-Yerling es una mujer que admiro un montón, una mujer que me enseñó a tener determinación, que me reafirmó que la lucha de las mujeres la tenemos que llevar juntas, de que la sororidad es uno de los actos de resistencia para las mujeres. Encontrarme a ella en un espacio como este me ayudó a crecer un montón.

A Madelaine la marcó el conocer las historias de las personas que les brindaban acogida mientras realizaban la caravana. Para la joven estudiante, la experiencia fue una lección de humildad. “La caravana me enseñó humildad, porque estar en tantas casas de tantos nicaragüenses; nosotras cada tres días, cada dos días cambiábamos de donde dormíamos, conocíamos a una nueva familia que nos acogía y conocíamos sus historias de migrantes”, explica.

Tras el trabajo de las tres por varios países de Europa denunciando la represión en Nicaragua, simpatizantes de Daniel Ortega comenzaron a amenazarlas e incluso asediar algunos espacios donde ellas exponían la realidad del país centroamericano.

Campañas difamatorias

El primer momento donde las jóvenes sufrieron asedio por simpatizantes del gobierno Ortega-Murillo fue en un evento en Estocolmo, Suecia. Los seguidores del régimen irrumpieron en el local y comenzaron a vociferar insultos contra las muchachas que exponían la situación en Nicaragua.

Luego de ese momento, comenzó una campaña difamatoria contra las jóvenes -impulsada por medios de comunicación oficialistas en Nicaragua- acusándolas de querer desestabilizar el país. “A partir de allí circula una noticia, en una página gubernamental, en la que afirmaban que estábamos en Europa buscando fondos para la compra de armas y bombas, entonces en ese momento empiezan a circular nuestras imágenes, nuestros nombres, nos empiezan a exponer; nos acusan de que estamos en pro de la desestabilización el gobierno de Nicaragua”, cuenta Yerling.

-Luego de esa campaña difamatoria, ¿sufrieron amenazas directas?

– Luego de eso nos comienzan a llegar amenazas directas (por parte de seguidores del gobierno) de que nos iban a asesinar y como somos mujeres, de que nos iban a violar.

Las muchachas pensaron, inocentemente, de que lejos de Nicaragua estaban seguras del asedio y las agresiones. “Nos acusaron de incitadores del mal, pensamos que en ese contexto estábamos lejos de las agresiones que tuvieran que ver con Ortega y sus fanáticos, pero no”, reflexiona Madelaine Caracas.

Estas muestras solo eran el inicio del aparato mediático-represivo que se desató contra las tres integrantes de la caravana. Ya no bastaba solo con medios oficialistas en Nicaragua, medios internaciones como Granma (de Cuba), Telesur y RT, las comienzan a señalar como agentes de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA).

Pese al asedio y campañas difamatorias que sufrían, ellas aún conservaban el deseo de regresar a Nicaragua. Yerling explica que en Europa tuvieron que cambiar tres veces de boleto (con destino a Nicaragua), añoraban regresar. Pasaron postergando su ansiado retorno muchas veces, pasaban semanas y ellas confiaban en que el asedio iba a parar, lo cual no sucedió. “Yo hablaba con gente en Nicaragua y les decía, ‘tranquilos, voy a regresar ‘; incluso ya estábamos viendo lo de las casas de seguridad, pero después de eso vino la operación limpieza (lo que organismos de derechos humanos como la Comisión Interamericana -CIDH-, Amnistía Internacional y la Organización de Naciones Unidas -ONU-, denunciaron como ataques en conjunto de policías y parapolicías contra la población), entonces las personas comenzaron a alertarnos de que mejor no regresáramos”.

Y no era para menos, la denominada “operación limpieza” fue considerada como un método de exterminio contra protestantes y opositores de Ortega, durante sus 43 días de duración, Nicaragua quedó envuelta en un espiral de represión y muerte. En su segunda semana de trabajo, el Mecanismo Especial de Seguimiento para Nicaragua (Meseni), instalado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), se refirió a los diversos ataques en conjunto de policías y paramilitares en la operación limpieza.

“La CIDH manifiesta su preocupación ante la información recibida sobre operaciones de orden público denominadas ‘operación limpieza’, iniciadas el 5 de julio por el Estado con el fin de desmontar tranques en diferentes ciudades del país. De acuerdo con información de público conocimiento, el Gobierno, a través de la Policía Nacional en actuación conjunta con grupos parapoliciales, realizó operativos en Sutiaba, León, Wiwilí, Jinotega, Masatepe, Ometepe y Matagalpa, dirigidos a reprimir a las personas que mantienen los tranques y barricadas”, se lee en el documento con fecha del 11 de julio de 2018.

De igual forma, Amnistía Internacional, en su informe “Sembrando el terror: De la letalidad a la persecución en Nicaragua”, se destaca que durante estos operativos, las fuerzas gubernamentales utilizaban armamento militar. “Ésta (operación limpieza) consistió en destruir por la fuerza las barricadas y enfrentar a las personas manifestantes a través de grupos combinados de parapolicías armados y agentes de la Policía Nacional, que llegaban a las localidades organizados en operaciones sofisticadas, atacando y haciendo uso generalizado de armamento letal militar”, reza el escrito.

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La represión gubernamental causó centenares de muertos, miles de exiliados y centenares de presos políticos. Ese era el mensaje que las jóvenes daban a transmitir en la caravana. Multienfoque/ Ilustración de Jairo Pérez.

Además, solo en el mes de julio, el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), detalló en un informe que producto de estos operativos se capturaron a más de 100 protestantes y opositores del régimen. “En denuncias se estima que habría más de 160 personas detenidas, secuestradas y/o desaparecidas en lo que va del mes de julio de 2018”, publicó el organismo.

Por ello, las tres integrantes de la caravana optaron por no regresar a Nicaragua, sabían que si retornaban podrían haberse convertido en víctimas mortales de la Policía y paramilitares. No obstante, en Europa también sufrieron persecución, a menor escala, de simpatizantes del régimen Ortega-Murillo.

El asedio seguía presente, a ello se sumó una campaña de boicots por parte de embajadas de Nicaragua en diversos países de Europa. En Madrid, la embajada de Nicaragua en España llamó a un local donde las jóvenes se iban a presentar y expresamente les dijeron que no las recibieran porque eran agentes de la CIA.

– ¿Otras embajadas se sumaron a esa campaña, Yerling?

– Cuando estábamos en Reino Unido, la embajadora de Nicaragua en el Reino Unido (Guisell Morales Echaverry), también nos acusa y me identifica como agente de la CIA. Eso desató una ola de ataques e insultos (en las redes sociales) por parte de fanáticos orteguistas y crece el hostigamiento. Además de que nos iban a dar plomo (palabra con la que simpatizantes al gobierno amenazan a personas por redes sociales y con la que marcan las casas de algunos opositores en Nicaragua).

Las amenazas personales no se hicieron esperar, Yerling comenzó a recibir llamadas telefónicas de personas de su pueblo, Ocotal. Incluso, un familiar de la joven socióloga (a quien prefiere que se le omita el nombre por motivos de seguridad), simpatizantes del régimen Ortega-Murillo le comenzaron a dar persecución. Las campañas difamatorias y los boicots habían quedado atrás, las amenazas contra la integridad física y la de miembros de sus familias comenzaban.

Yerling y Jessica decidieron que lo mejor era pedir asilo político en España, para tratar de estar seguras y evitar represalias contra familiares o amigos cercanos que se encuentran en Nicaragua. Fue así como optaron por no volver al país.

El camino del exilio

Como dijo Yerling, se exilió sin darse cuenta, pensó que regresaría a Nicaragua, pero el asedio y amenazas de simpatizantes del gobierno de Ortega la obligaron a tomar la decisión de quedarse en España. “El exilio duele, es lo primero que puedo decir”, comenta, mientras se toma una pausa para luego continuar su idea. “Es un ambiente bastante frio, no tenés nada por delante. Es algo que te golpea y debilita física y psicológicamente, porque tenés que buscar qué comer y cómo sobrevivir en un contexto muy distinto al tuyo. Te lo podría catalogar como una prueba de supervivencia”, sintetiza.

De los retos más duros que ha tenido que enfrentar es haber renunciado a su carrera profesional, estaba en una condición estable, algo que le había costado mucho. A la joven socióloga le tocó comenzar de cero. Extraña su familia, su barrio, su círculo de amistad. Su Nicaragua. Ya no cuenta con su anclaje laboral.

En España le ha tocado hacer de todo para sobrevivir. De impartir clases en universidades pasó a limpiar casas y cuidar de niños. En el exilio, todo lo que pueda generar ingresos es bienvenido. “Vale la pena señalar que las personas creen que con venir a Europa tenés todo resuelto, en bandeja de plata: comida, casa y que te vas a encontrar los euros en las cunetas (ríe un poco), no se dan cuenta que uno llega a un lugar totalmente ajeno y hay que hacer de lo que sea”, narra.

– ¿Qué sientes luego de dejar tantas cosas atrás?

– Vivo como en una eterna nostalgia, si se puede decir, por todo lo que ha quedado atrás, pero procuro que eso no me inmovilice o me neutralice en mi día a día, pero si es algo que está muy presente. Ese sentido de extrañar, de anhelar todo lo que ha quedado atrás. Sobre todo, venir a una cultura donde todo es totalmente diferente.

La joven nicaragüense rescata que pese a las adversidades con las que se ha topado se muestra satisfecha, afortunada del trato que le han brindado las personas en Europa. En todos los países que recorrió como parte de la caravana, resalta la acogida fraterna que ha recibido, exceptuando a los grupos pro gubernamentales.

Solidaridad

A parte de su activismo, Yerling destaca por su solidaridad y empatía con las demás personas, cualidades que resaltan en esta joven mujer. El exilio es una condición dura, llega a poner contra la pared a las personas, no cualquiera está preparado para vivir esta experiencia. Muchos caen en la desesperación.

Desde sus posibilidades ha buscado brindar apoyo a personas, incluso a familias enteras de nicaragüenses que llegan en condiciones precarias. Siempre se mantiene activa. Cuando se conversa con ella su tono de voz se nota agotado, a veces habla muy rápido, en otras ocasiones se notaba bastante agitada; hace muchas cosas; no solo por ella, también por sus compatriotas.

Familias que han huido de la represión gubernamental en Nicaragua llegan a España en las peores condiciones. Muchas de ellas sin dinero, sin qué comer y sin un techo en el cual puedan vivir por un tiempo.

Para abril de 2019, la Agencia de la ONU para los refugiados (Acnur), detalló en un estudio que el número de exiliados por la represión en Nicaragua superaba las 60,000 personas. “62,000 personas huyeron de Nicaragua y 55,000 de ellas radicaron en Costa Rica”, se lee en el escrito del 16 de abril de 2018.

Sin embargo, y como era de esperar, esa cantidad aumentó. En el último boletín sobre la situación de derechos humanos en Nicaragua del Meseni (que comprende los meses de octubre y noviembre de 2019), la cifra de exiliados la estiman en más 88,100 personas.

Por tal motivo, en España, relata Yerling, se llegaron a crear redes de apoyo y acogida, formadas por nicaragüenses que ya residían en ese país europeo, con el fin de brindar una mano a las y los exiliados del país centroamericano.

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A parte de protestar, Yerling brindó solidaridad para sus compatriotas exiliados. Mientras en Nicaragua las personas seguían desafiando la represión. Multienfoque/ Ilustración de Jairo Pérez.

Con la red autoconvocada de ayuda que crearon (residentes nicaragüenses en España y demás personas como Yerling), se logró apoyar a exiliados en situaciones precarias, a cada uno en distintas etapas. Entre noviembre y diciembre de 2018 se les ayudaba consiguiéndoles abrigos para el invierno. De igual forma, la red localizaba ciertos espacios donde estos se podían quedar por un tiempo, tanto en Madrid, como en diferentes partes del país europeo.

A la joven le ha tocado soportar los fríos inviernos de España, con las bajas temperaturas en su máximo esplendor. A menos de un grado, algo que compara como estar encerrada en un “freezer”. Lo peor, cuenta, es que familias enteras de nicaragüenses exiliados han tenido que soportar el gélido clima del invierno de Europa en la calle. Es por ello que la red autoconvocada gestionó la ubicación de esas personas en algunas casas, incluso lograron la apadrinación completa de familias con residentes de años en España.

– ¿Cuáles han sido las cosas más fuertes que te ha tocado ver en el exilio?

-De los casos más duros que he visto es a mujeres, nicas, que acaban de exiliarse por la represión y han tenido que prostituirse, es muy duro. Son de esas cosas que nadie sabe, que no ve, que los exiliados vivimos y somos testigos. Es por el mismo estado de desesperación al que estamos expuestos, porque venimos como decimos popularmente con una mano por delante y otra atrás. Gente que solo salió con una maletita.

Paralelamente, la red de ayuda a la que pertenece Yerling brindó acompañamiento a las y los solicitantes de asilo en España. Les brindaban una lista de organizaciones a las cuales podían acudir para ayuda y contactos con abogados que les proporcionaran asesoramiento gratuito. También, les apoyaban con charlas sobre sus experiencias como antiguos solicitantes de asilo, donde les indicaban cómo era el proceso y los sistemas de acogida que brinda el Estado español.

Debido a la gran cantidad de exiliados nicaragüenses que llegaron y siguen llegando a España, la red de apoyo se está agotando, porque no puede abarcar a tantas personas. Como era una iniciativa autoconvocada, organizada, donde la gente se ofrecía ayudar, tarde o temprano llegaría a su límite. Como sucedió. Yerling relata que en la actualidad ya no se hace, porque se agotó la red ante tanta demanda, pero la joven asegura que hará lo posible y lo que esté en sus manos para tratar de ayudar a más compatriotas forzados al exilio por la represión gubernamental en Nicaragua.

España ha sido un país por el cual muchos nicaragüenses han optado por exiliarse y solicitar asilo. Según el Ministerio del Interior de España (MIR), hasta el mes de octubre de 2019, las autoridades españolas habían admitido 4,944 peticiones de asilo por parte de nicaragüenses.

Nostalgia

Yerling extraña muchas cosas de Nicaragua, entre ellas expresa sin dudar rápidamente, “el gallopinto”, mientras ríe luego de recordar ese infaltable alimento en alguno de los tradicionales tres tiempos de comida para los nicaragüenses. Pero, continúa “lo que más extraño es la sensibilidad que tiene la gente, una sociedad humanamente cercana, donde nos apoyamos. Esa complicidad hasta cierto punto es algo que no encontrás en otras partes. Sensibilidad humana y política”.

En España se ha topado con ciertos alimentos que le transmiten nostalgia. Recorrer mercados y encontrarse con aguacates y plátanos le trae recuerdos. A ella le encantan los tostones, es por ello que siempre que puede compra plátanos para hacerlos. Cuando un conocido viaja de España a Nicaragua, ella siempre encarga algo, preferiblemente café.

– ¿Qué consideras que ha cambiado en vos a más de un año de haberte exiliado?

– El sentido de pertenencia, te flexibilizás un poco, porque en tu país ya tenés un grupo de pertenencia y referencia, que son tus amigos y amigas de la universidad, barrio, niñez.  Siento que me he flexibilizado en abrirme en otros grupos diferentes, porque al final tenés que sobrevivir. Tus expectativas cambian y eso es de lo más duro. Vivo quizá de la sobrevivencia, quisiera seguir estudiando, pero mis metas principales fueron trastocadas por el exilio.

– ¿No dejarías el activismo?

– Yo siempre seguiría siendo activista, estando presente en la política. Si se vuelven a dar ocasiones similares (como la de abril 2018 en Nicaragua), espero que no, de igual forma estaría activa. No me concibo sin la política. Desearía volver a la universidad, a dar clases. Seguir siendo esa voz que catalogan de incómoda.

El exilio le ha dejado varias lecciones, se enfoca en lo positivo de cada experiencia, así es ella. Para Yerling, las y los nicaragüenses deben estar abiertos a las críticas contra líderes y cualquier decisión que tomen y parezca injusta. Está convencida que el verdadero poder de los movimientos sociales y los estallidos, dependen del “pueblo”, por ello mantiene viva la consigna. “Solo el pueblo salva al pueblo”.

– ¿Cuál es tu mayor deseo?

– Quisiera una Nicaragua libre, feminista, que rompa los ciclos de las dictaduras. Como sociedad que nos encaminemos a cambios reales. Lo peor es pensar que al margen de Ortega ya no hay nada malo, sería el peor error.

Por el momento Yerling no regresará a Nicaragua, aunque espera hacerlo y volver a las universidades. Pero, afirma que el exilio no será una limitante para su activismo, porque seguirá alzando su voz contra las injusticias sociales, así es esta incansable activista.

Autor: Multienfoque

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