Las Huellas del Exilio | Una narrativa desde el exilio

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Por el momento ha puesto en pausa sus escritos, la lectura sigue siendo su fiel compañía. Multienfoque/ Ilustración de Jairo Pérez.

Alzó su voz en más de una ocasión antes de abril de 2018 contra el régimen Ortega- Murillo. A más de un año de su exilio, relata cómo inició la organización estudiantil en el movimiento cívico de Nicaragua; este es el relato de la joven psicóloga y escritora, Fátima Villalta.

Fátima se muestra relajada al contar su historia. No divaga en sus ideas, tampoco titubea al expresarse, se muestra serena, con un dominio de la expresión oral admirable. Procedente del departamento de Matagalpa, donde se impone el verdor de los bosques y un clima fresco, esta joven de 25 años rememora todas las acciones que emprendió con otros muchachos para mostrar su descontento contra el gobierno de Ortega.

Estudiaba psicología en la Universidad Centroamericana (UCA), estaba por obtener su título universitario, solo le faltaba una materia; incluso ya había defendido su tesis antes del estallido social de abril de 2018 en Nicaragua. “Me dilaté en salir porque estaba trabajando”, narra. Ella laboraba en la UCA, en el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA); se desempeñaba en la sección de los archivos históricos. Al recordarlo se muestra un tanto nostálgica, le gustaba su labor.

Mientras estudiaba alquiló varios lugares en Managua. Cuando consiguió su trabajo en el IHNCA, sintió que su vida tomó un rumbo distinto, para mejor. Pasó de vivir en pequeños cuartos con solo una silla y una mesa, a tener su propio espacio, como ella deseaba. Pese a que su apartamento lo compartía con una amiga, se sentía libre, cómoda; había encontrado un espacio al que le podía denominar hogar. Entre sus pasatiempos destaca la lectura, es una amante de las historias; lo que también despertó su pasión por escribir. En 2011 logró ganar el concurso para publicar obras literarias que organiza el Centro Nicaragüense de Escritores (CNE), con su obra “Plagas y anonimatos”; luego repitió la hazaña con su libro “Danzaré sobre su tumba”, que fue catalogado como un sorprendente texto narrativo y un éxito editorial.

Ella siempre ha sido una muchacha crítica, que no se calla ante las injusticias sociales, característica que la llevó a involucrarse en las protestas antigubernamentales y en los movimientos estudiantiles que se formaron durante el estallido social.

Indio Maíz

Por medio de redes sociales, jóvenes universitarios se comenzaron a organizar para protestar ante la inoperancia del gobierno (por más de una semana) por sofocar un siniestro que devoraba la Reserva Biológica Indio Maíz. Bajo el hashtag “SOSIndioMaíz”, se anunciaban plantones y protestas cívicas para exigir una respuesta eficiente de las autoridades para frenar el incendio.

– ¿Participaste en esas protestas?

-Tuve una participación activa (en las protestas), porque nos involucramos desde lo de Indio Maíz. Fue algo bien espontáneo, distintos grupos nos reunimos y nos organizamos, por ejemplo, para contratar el sonido (que animaba en las protestas), también para convocar (a la gente), para mover los afiches en redes.

Fátima se involucró en manifestaciones desde Indio Maíz, lo que muchas personas catalogan como el inicio del levantamiento cívico que alcanzó su punto más fuerte el 18 de abril de 2018. Por la reserva Indio Maíz se llevaron a cabo varias actividades cívicas de protesta (plantones, hashtags en redes sociales y una marcha reprimida por la Policía), la joven escritora estuvo presente en ellas, pero una que se enmarcó más en su memoria fue la del 14 de abril de 2018. Para ese día varios jóvenes tenían pensado realizar una vigilia en Plaza Cuba, Managua. La información se comenzó a regar entre estudiantes a 24 horas de la actividad y el afiche oficial que salió en redes sociales fue 30 minutos antes de la hora indicada, pensando que la Policía y las turbas irregulares del gobierno, la Juventud Sandinista (JS), no asediarían la iniciativa. Se equivocaron.

A escasos minutos para el inicio de la vigilia, decenas de patrullas de la Policía, acompañados de miembros de la JS, se tomaron Plaza Cuba para evitar la actividad de protesta de los universitarios. A las 5:00 p.m. los jóvenes decidieron movilizarse a la entrada principal de la UCA, para no suspender la vigilia, que originalmente iba a finalizar hasta las 9:00 p.m. en Plaza Cuba. Alrededor de 50 estudiantes hacían la vigilia en la entrada de la UCA, entre ellos, Fátima.

No pasó mucho tiempo cuando la Policía ya se encontraba apostada frente a la UCA, en el sector de Radio Ya (medio propagandista del gobierno), pese a ello los jóvenes estaban con carteles y gritando consignas: “¡Señor, señora, no sea indiferente. Se quema Indio Maíz en la cara de la gente!”, coreaban mientras los policías hacían exhibición de su armamento, con el fin de intimidarlos. Por el lugar transitaban carros, motos y los conductores tocaban las bocinas en señal de aprobación a la protesta. Pasajeros de autobuses coreaban consignas y daban su apoyo al grupo que protestaba.

Empezaba a asomarse la noche, los muchachos sabían que estaban expuestos, pero continuaban el plantón. En el mismo grupo de manifestantes en el que estaba Fátima ese día, se encontraba “Mice”, un joven universitario que prefiere utilizar este seudónimo por motivos de seguridad. El estudiante recuerda a la perfección la intimidación y el asedio de la Policía en conjunto con la JS. “Recuerdo que estaba ridículamente lleno de policías. Pero las personas que venimos protestando desde hace rato estamos acostumbrados a la presencia policíaca y de JS”, cuenta Mice.

Con el tiempo comenzaron a llegar más policías y cruzaron la calle, estaban a escasos metros de la entrada principal de la UCA, por lo que, el grupo de manifestantes para evitar confrontamientos, buscaron resguardarse dentro del campus. En ese momento sucedió lo impensable. Los guardias de seguridad de la UCA cerraron el portón principal, dejando a los manifestantes a merced de la Policía y la JS. Ellos trataban de razonar con el personal de la universidad, pero estos no accedieron a abrir el portón principal, algo que indignó a Fátima, Mice y demás personas.

– ¿Qué sentiste cuando cerraron el portón principal? -pregunto a Mice-

– Cuando se cerraron los portones de la UCA fue súper triste. Sentir que la universidad que es apolítica y que dice que vela por sus estudiantes, estaba cerrándonos los portones. Cuando yo vi que estaba sucediendo eso, simplemente dije ‘aquí nadie nos cuida, ni siquiera la universidad, eso es una mentira’.

Durante el asedio, un grupo de periodistas se dirigió hasta donde se encontraba el comisionado Fernando Borge (quien dirigía el operativo), para cuestionar el exagerado despliegue policial. Borge respondió a que se debía a un “plan para ver las paradas de buses” (fue lo único que contestó), pero los policías patrullaban la zona con armas y acompañados de miembros de la JS.

Los manifestantes sabían que entre más tarde se hiciera, se exponían a ser agredidos por la JS y policías, es por ello que a las 6:30 p.m. decidieron dar por finalizado el plantón en la UCA. Las personas abandonaban el lugar temerosas. “Estábamos claros de que no era seguro irnos a pie o solos, entonces varias personas nos juntamos en pequeños tríos o grupitos y me acuerdo de que primero, muchas personas sentíamos que nos estaban siguiendo, entonces nos montamos en un bus a Masaya. De ahí nos bajamos a un lugar y luego a otro. Tomamos varias alternativas de cuidado para evitar cualquier situación que lamentar”, rememora Mice.

Por su lado, Fátima también se retiró del lugar con un grupo y llegaron hasta la casa de un amigo de ella, donde reflexionaron sobre lo que acababa de acontecer. Consideraron preocupante el asedio que se manifestó en la vigilia, pero no era algo nuevo para ella, tenían los antecedentes de Ocupa INSS en 2013, donde ancianos pedían el apoyo a la población para protestar en beneficio de su pensión reducida, protesta que fue reprimida en su momento.

El siguiente paso

La tensión seguía aumentando en el país y, por ende, también las protestas. En menos de cuatro días de la vigilia por Indio Maíz, el gobierno Ortega-Murillo aprobaba de forma unilateral una cuestionada reforma al seguro social, que desencadenó el estallido social de abril de 2018. Luego del asedio en las manifestaciones por la inoperancia gubernamental por Indio Maíz, Fátima y sus compañeros continuaban indignados, por ello decidieron volver a organizar protestas: “Entrémosle”, dijeron; dando inicio a la sublevación en Nicaragua.

– ¿Cómo gestaron la convocatoria para el 18 de abril (2018)?

– Me acuerdo que abrimos el mapa en la computadora y dijimos (los jóvenes), ‘¿a qué lugar no hemos ido?’ Y de ahí fue que nació la idea de Camino de Oriente la verdad; porque nunca habíamos ido allí, era como aquel lugar donde no nos habían golpeado, y la idea fue como tener una convocatoria de boca en boca.

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Las redes sociales jugaron un papel importantes en las convocatorias a plantones y marchas antigubernamentales. Multienfoque/ Ilustración de Jairo Pérez.

Para esa ocasión decidieron que publicar afiches en redes sociales no era lo más conveniente, por los antecedentes de asedio. La idea, según Fátima, es que se formarían pequeños grupos para atraer a la gente; no obstante, la información llegó hasta la Policía, que decidió sitiar toda la zona de Camino de Oriente y lugares aledaños previo a la convocatoria del plantón.

Fátima salió de su trabajo para dirigirse a la manifestación, pero ya era tarde, las personas que lograron llegar a Camino de Oriente, pese al despliegue policial, ya estaban siendo agredidas por la JS y los policías. Ella no logró llegar. Luego, por la noche, se dio el ataque de la JS a la UCA a vista y paciencia de agentes policiales quienes resguardaban a los agresores. Esto se dio porque algunos estudiantes se enteraron de la represión en Camino de Oriente y decidieron protestar en la entrada de la universidad, este hecho terminó desencadenando la rebelión de abril.

Esa misma noche, la joven escritora dudó de que salieran nuevamente a las calles, por la agresión a la que fueron víctimas ciudadanos y estudiantes en Camino de Oriente, “bueno, esto aquí terminó”, se dijo así misma. Pero, estaba errada, ese día se comenzarían a dar las muestras de la organización estudiantil que sería protagonista en las protestas que se avecinaban.

El estallido

Posterior al ataque a los manifestantes en la UCA, estudiantes de la Universidad Nacional Agraria (UNA), grabaron un video que lo compartieron por redes sociales, manifestando el apoyo a los estudiantes de la UCA y quemando una bandera del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), partido de gobierno dirigido por Daniel Ortega y que fue acusado por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de haber cometido crímenes de lesa humanidad.

Consecuente al anuncio del 18 de abril de 2018, por parte de estudiantes de la UNA, los jóvenes realizaron una protesta en su campus y fuera de él, en solidaridad con las agresiones que habían cometido los grupos afines al régimen Ortega-Murillo. Agentes de la Policía no tardaron en aparecer y agredieron a los estudiantes con gases lacrimógenos, bombas aturdidoras y balas de goma; los muchachos solo respondían con piedras. Tras la ofensiva represiva de la Policía, se comenzaron a presenciar los primeros heridos, un joven con impacto de bala de goma en su ojo, que le ocasionó la pérdida del mismo y varios afectados por gases lacrimógenos.

Para evitar que las imágenes de la represión policial siguieran divulgándose, el régimen Ortega-Murillo ordenó mediante el Instituto de Telecomunicaciones y Correos (Telcor), suspender la señal del medio de comunicación 100% Noticias (ocupado y confiscado ilegalmente por la Policía el 21 de diciembre de 2018, cuando detuvieron ilegalmente a su director Miguel Mora y su jefa de prensa Lucía Pineda Ubau) por una semana. Esta acción del régimen, sumado a las agresiones a los estudiantes indignó más a la población, que salió a protestar en los sectores de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli) y en el espacio que comprende a la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y la UCA.

Las y los universitarios estaban en las calles, también protestaban desde las universidades, el movimiento estudiantil y autoconvocado veía sus primeros pasos ante la represión gubernamental. Algo que incluso a Fátima sorprendió. “La forma en la que estalló la UNI, en la que estalló la UNA, no la vimos venir en ese momento; pero fue un detonante súper importante”, detalla.

La represión a las protestas el 19 de abril de 2018 dejó a los primeros tres muertos: Darwin Manuel Urbina Urbina, de 31 años, quien salía de su trabajo y fue alcanzado por una bala que terminó con su vida por el sector de la Upoli; el sub inspector de la Policía Hilton Rafael Manzanares Alvarado de 33 años, también en el sector de la Upoli; y a Richard Bermúdez Pavón, estudiante de secundaria de 17 años; según datos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que hasta octubre de 2019 cifraba en 328 a las víctimas mortales en el contexto de las protestas en Nicaragua, muchos de ellos a manos de policías y parapolicías armados por el Estado.

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Las manifestaciones continuaron, pese a la represión ejercida por la Policía Nacional, bajo el mando de Daniel Ortega. Multienfoque/ Ilustración de Jairo Pérez.

Tras ver y experimentar el alcance represivo de las fuerzas gubernamentales, Fátima y demás jóvenes estaban claros que debían organizarse para continuar con las protestas cívicas, es por ello que, con ayuda de otros estudiantes de la UCA, empezaron a montar redes de comunicación con muchachos de otras universidades, creando así una de los organizaciones estudiantiles que en la actualidad aglutina a varios movimientos sociales, la Coordinadora Universitaria por la Democracia y la Justicia (CUDJ). “La creación de la CUDJ bajo ese contexto fue muy importante, al mismo tiempo me pareció interesante como me iba involucrando en este espacio (de las protestas) ya más grande”, cuenta Fátima

Con la creación de la CUDJ, los estudiantes comenzaron a trabajar de forma más organizada, logrando fortalecer vínculos y alianzas dentro del sector estudiantil y posteriormente, con otras organizaciones estudiantiles que se formarían en el camino. Pese a que hubo estudiantes que mantuvieron un perfil alto por su activismo en el movimiento estudiantil y específicamente en la CUDJ, Fátima decidió lo contrario, por su trabajo. No obstante, eso no la impidió de apoyar en el movimiento cívico.

El movimiento estudiantil estaba haciendo frente a la represión gubernamental, en un momento, los jóvenes tomaron la batuta en la insurrección popular, es por ello que el régimen Ortega-Murillo ordenó, mediante la Policía, la detención ilegal de varios de ellos. La joven psicóloga recuerda ese episodio con pesar, porque tras esa orden, encarcelaron a varios activistas de la CUDJ. “Fue un quiebre importante, impactante. En ese mes recuerdo que no fui al trabajo (por temor), me dejaron de pagar”, detalla.

Fátima habla del caso de 25 de agosto de 2018, cuando la Policía capturó de forma ilegal en una marcha en León a: Byron Estrada, Nahiroby Olivas, Victoria Obando, Levis Rugama, Yaritza Mairena, Luis Quiroz y Juan Pablo Alvarado, todos ellos dirigentes estudiantiles. Posteriormente, el Ministerio Público los acusó de los delitos de terrorismo, homicidio, secuestro, daño y robo agravado, entorpecimiento de servicios públicos, entre otros.

La represión estatal se comenzó a centrar en los movimientos estudiantiles y específicamente contra cualquier joven. Era cuestión de tiempo para que Fátima también lo experimentara. Ella asegura que personalmente no recibió amenazas, en cambio, su familia en Matagalpa sí. “Mi familia comenzó a recibir amenazas. Debo decir que a mí jamás me llegaron amenazas directamente, es decir, motocicletas extrañas frente a mi casa (asedio parapolicial) nada más. Las amenazas a mi familia (por simpatizantes del régimen) era que iban a llegar por ellos”.

La joven psicóloga comenzó a reflexionar sobre las amenazas y rememoró un hecho que tuvo lugar en los primeros días de la rebelión de abril. A inicios de la insurrección popular, personas se acercaban a las universidades donde se atrincheraban jóvenes en forma de protesta, para ir a dejar víveres. Ella cuenta que un exnovio y el padrastro de este, decidieron apoyar a los jóvenes con los víveres, en eso fueron capturados, a la fecha no se tiene la certeza de si fueron policías o miembros de la JS. El joven fue golpeado y lo dejaron en las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial, mejor conocidas como El Chipote, mientras que su padrastro… fue asesinado.

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Muchas personas fueron asesinadas y encarceladas por motivos políticos desde el inicio del estallido social de abril de 2018. Multienfoque/ Ilustración de Jairo Pérez.

-Cuando recordaste eso, ¿a qué concusión llegaste?

– Fue una de las cosas que me hizo decir que las balas estaban más cerca de lo que yo creía. Todo estaba cerca. Te das cuenta que no está pasando a kilómetros de distancia, y pensé ‘noooo (un tono asustado), estos pueden venir a mi casa’, y la certeza de todo fue cuando se llevaron a los chavalos presos (de la CUDJ). Todas esas cosas se fueron sumando.

La vida en el exilio

En septiembre de 2019, Fátima cumplió un año en México, donde se encuentra exiliada, pero ese no fue el primer destino de la joven escritora. Su primera parada fue Costa Rica, donde pasó algunas semanas hasta moverse a México. Para salir del país no tuvo mayores problemas, no la retuvieron. Pese a ello, el temor y la incertidumbre se hicieron presentes.

Dos maletas, con pocas cosas en su interior fueron su compañía en el viaje forzado, no dejaba de pensar en todo lo que dejaba atrás: su trabajo, amistades y estabilidad económica. Antes de salir del país regaló parte de su ropa, que no podía llevar consigo por el escaso equipaje, y su preciada colección de libros, sus eternos compañeros, los dejó encomendados con una amiga. No obstante, hizo una pequeña selección de ocho con los que viajó y aún conserva.

En 2014 ella realizó un intercambio en México, y ya había viajado en tres ocasiones a dicho país. Conocía a personas y sintió que era un mejor lugar para “camuflarse” y es un lugar más barato que Costa Rica, por lo que no le fue muy difícil elegir a México como su destino. Aún estando lejos de Nicaragua, ella no dejó la lucha contra el régimen Ortega-Murillo y siguió como activista. En tierras mexicanas comenzó a trabajar con la Articulación de Movimientos Sociales (AMS), organización que aglutina a varios sectores de la sociedad civil en Nicaragua, con el fin de organizarse para hacer frente de manera cívica a la dictadura.

Como miembro de la AMS, Fátima participó en una caravana por varios estados de México con integrantes del movimiento campesino, para hablar sobre lo que estaba sucediendo en Nicaragua. La joven seguía aprovechando cada espacio para denunciar la represión.

Por otro lado, ella no oculta que en el exilio ha pasado por complicaciones, donde la que más sobresale es la situación económica. En su estadía en México le ha tocado hacer casi de todo para poder sobrevivir: trabajos freelance, labores desde su casa, con ello afirma que ha logrado “sobrevivir mes a mes”.

Actualmente, la joven escritora trabaja impartiendo talleres a niños en escuelas primarias y, pese a ser psicóloga, jamás había trabajado con infantes. Por lo que esta experiencia ha representado toda una aventura, un aprendizaje. También, menciona que con los niños con los cuales trabaja no saben ubicar a Nicaragua en el mapa, desconocen por completo el país centroamericano, acto que produce en ella una sensación extraña que no sabe, hasta la fecha, definir.

– ¿Cómo calificarías tu exilio?

– Mi exilio es bastante privilegiado por decirlo así, no es que yo haya querido salir ni que esté wow, en condiciones óptimas, pero veo las condiciones en las que están muchas personas en Costa Rica, otra gente en México que también la pasa mal. Mientras que acá he tenido amigos que me han apoyado, he conocido gente, me aprobaron el refugio hace unas semanas y pues es un lujo que te aprueben el refugio, porque es como una protección que te dan como un ciudadano más, yo puedo transitar libremente por México, entrar y salir de México, poder aplicar a un trabajo perfectamente.

La mayoría de personas exiliadas por la represión en Nicaragua, optan por Costa Rica como su destino. Sin embargo, México se convirtió en una opción para muchos de ellos. Hasta agosto de 2018, según registros de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) de la Secretaría de Gobernación, los nicaragüenses ya ocupaban el sexto puesto en la lista de solicitudes de refugio. “Con un total de 553, de los cuales 259 eran solicitantes hombres y 94 mujeres”, según el registro.

Reflexiones

-Con todo este tiempo en el exilio, ¿cuál es tu reflexión sobre el régimen?

-Creo que ni los más visionarios pensaron que la dictadura se iba a atrever a tanto (encarcelar a cientos de personas y forzar a miles al exilio). Siempre fueron sanguinarios, de eso no tengo la menor duda, lo hacían en el campo con el movimiento campesino, pero a este nivel nunca lo pensé y ahora creo que son capaces de absolutamente todo, de pasar a la incredulidad a la credulidad absoluta, creo que son capaces de todo para mantenerse en el poder y lo han demostrado.

Para Fátima el exilio ha significado un borrón y cuenta nueva en su vida y sus proyectos a largo plazo, perdió las cosas por las que había trabajado tanto. De tener un lugar al cual podía denominar hogar en Managua, a volver a alquilar un cuarto en una casa donde habita con varias personas, algo que expresa con un tono de pesar. “Soy alguien a quien le gusta mucho la privacidad y tener un espacio para trabajar, entonces, para leer y todo y pues se siente muy feo, muy distinto. Creo que es de las cosas que más extraño a parte de mis amigos y toda esa vida que ya había creado allí (en Nicaragua)”.

Si bien la joven dejó a varios de sus amigos en Nicaragua, mantiene comunicación con algunos, incluso con otros que al igual que ella optaron por el exilio para proteger su integridad física. Relata que para cada uno de ellos el exilio se ha vuelto difícil, gran parte asiste a psicólogos para poder expresar todo lo que tienen acumulado y lo que han vivido. En conversaciones con ellos, a la joven escritora le invade la impotencia, un arrebato de querer regresar a Nicaragua, pero sabe que por el momento no es posible ni seguro.

“Te invade la impotencia y la culpa que sentís por haberte ido y no saber si regresar y qué sentido tiene regresar más allá del arranque emocional que te da y que deseas regresar y después qué, después qué hago, si todos mis planes de futuro ya no están allí. Es la disyuntiva entre si construir planes de futuro a menos a mediano plazo acá (México)”. En ese sentido, Fátima tiene claro que desea seguir apoyando en la lucha cívica de Nicaragua, pero que debe centrarse en su vida, sus planes, esos mismos que el exilio le arrebató de forma abrupta. Desea conseguir una maestría, no sabe si será en México u otro país, pero es su meta, o como ella lo expresa, la forma que tiene de sobreponerse a esta situación, pensar en sus planes, retomar su vida.

Aun con todas las dificultades que ha tenido que vivir, y el debate interno por su futuro, esta joven no la piensa dos veces en ayudar al que lo necesite, hecho que quedó demostrado con otro joven exiliado, Melkin Ocampo. Él es un muchacho de 20 años que también se exilió, pero a diferencia de Fátima, no contaba con conocidos o dinero para lograr establecerse, fue en ese momento que ella, cuando se enteró de su situación decidió ayudarlo.

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La joven se refugia muchas veces en la lectura para tratar de sobrellevar sus pensamientos. Multienfoque/ Ilustración de Jairo Pérez.

Mediante la CUDJ, la joven psicóloga se enteró del caso de Melkin, como compañero de movimiento. Jóvenes de la Coordinadora le enviaron al joven el contacto con Fátima, ya que este carecía de recursos y le era difícil moverse en México. “Fátima Villalta fue clave, ella ayudó con dinero cuando estaba en Chiapas, me ayudó con 2000 pesos. A Fátima la conocí por la CUDJ. Me ayudó muchísimo, ha sido una de las personas más importantes en todo este transcurso de exilio”, manifiesta Melkin, al que Fátima recuerda con estima.

Durante el proceso de exilio se vive un sentimiento agónico sobre la vida que se dejó atrás, mientras solo te acompañan maletas a un viaje desconocido y en muchas ocasiones sin retorno, así es el sentir de esta joven escritora, quien desea poder continuar con sus planes de vida. No obstante, confiesa que en más de una ocasión ha tenido que batallar internamente con el deseo de retornar a Nicaragua, lo que cataloga de “autoengaño”, porque no visibiliza una salida pronta a la crisis sociopolítica.

Con todo y esos pensamientos que la invaden generando en ella una disputa interna, Fátima tiene claro que desea seguir protestando, es algo que hacía antes de abril de 2018 y no ve motivos para dejarlo de hacer. “No me arrepiento de nada  y más bien está ese sentimiento de deuda que pude haber hecho más, pero siento que hice bastante y pues lo volvería a hacer y si me regreso a Nicaragua lo volvería hacer y seguiría trabajando, me gustaría trabajar de cerca con los excarcelados, con las madres, hay mucho que hacer todavía”, confiesa.

– ¿Qué lecciones te ha dejado este proceso como exiliada?

-Lecciones de historia, memoria, caudillos, santificación de las personas. Entender que la utopía no se construye tomando el poder nada más, por ejemplo, nos tomamos el Estado y se arregla todo, tampoco así, que es la diferencia con la generación pasada que pensó que era tomar el Estado y la construcción de un Estado socialista y la verdad había mucho por hacer todavía. Tomar esa conciencia de que queda mucho por hacer todavía.

Los días de esta joven transcurren en el activismo, sus trabajos como freelance y los talleres que realiza con niños de primaria, todo lo que genere ingresos es bienvenido. Espera conseguir o aproximarse a lo que tenía en Nicaragua. A más de un año no tiene claro si desea regresar o establecer su vida y planes en México u otro país, por el momento desea centrarse en ella. Es así como el exilio cambia de un día a otro la vida de las personas. Pero, algún día, probablemente, Fátima escriba su propia historia, su narrativa desde el exilio.

Autor: Multienfoque

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