Las Huellas del Exilio| La “doc” de las barricadas en la UNAN

Crónica 1 (3)
Rumanía atendió alrededor de 60 personas mientras estaba a cargo de los puestos médicos en las trincheras. Multienfoque/ Ilustración de Jairo Pérez.

*A solicitud de la entrevistada y por motivos de seguridad, se le nombrará Rumanía para contar su relato

Se atrincheró en dos universidades para dar apoyo a los jóvenes que protestaban. Sobreviviente de los ataques a la UNAN-Managua y a la parroquia Divina Misericordia; ahora exiliada por la persecución desatada por el gobierno Ortega-Murillo. Esta es la historia de la “doc” de las barricadas.

De trato amable y un poco tímida, titubeante en algunas palabras al inicio de la conversación, Rumanía (como prefiere que se le identifique por motivos de seguridad) relata cómo llegó a arriesgar su vida en las barricadas atendiendo a heridos en apoyo a las protestas antigubernamentales. Con un tono de voz cálido la joven rememora los momentos que vivía antes de involucrarse en las protestas. “Siempre salía a correr cuando podía, tenía una vida muy activa, prácticamente todo común, nada especial. Obviamente con todo lo que pasó hay un antes y un después en mí”, señala.

Su vida antes del estallido social de abril de 2018 se resumía en su trabajo y su familia. Hablar con su mamá y su hermano eran sus principales pasatiempos. En ocasiones, salía con amistades. Rumanía es médica, desde pequeña quería estudiar la carrera de medicina, a sus 27 años asegura que ha sido la mejor decisión de su vida. Su vocación de servicio para con otros marcó su elección por la medicina.

Inconformidad

La galena ya había participado en protestas antes de 2018. Estuvo presente en el movimiento “Ocupa INSS”, realizado en 2013, donde ancianos pedían el apoyo a la población para protestar en beneficio de su pensión reducida. Ese evento la marcó por completo, sintió por primera vez terror, y no era para menos, absorta observaba la saña con la que miembros de la Juventud Sandinista (JS), organización juvenil progubernamental, atacaban con tubos, bates, palos, piedras y a golpes a ancianos indefensos que solo reclamaban una pensión justa.

Las agresiones se suscitaban bajo la mirada pasiva de agentes de la Policía que no hacían nada para detener las golpizas, no se movían, callaban y no actuaban, pese a llamados desesperados de auxilio, de compasión; la fuerza pública se desentendió del hecho. Tras observar las escenas dantescas y sin mucho por hacer, Rumanía reflexionó que Nicaragua se encontraba bajo una “dictadura agresiva” que no permitía opiniones adversas a su gestión. En esa ocasión se marchó impotente, estaba clara que en el país se habían cercenado los derechos a la manifestación pacífica y la libertad de expresión.

Ella también confiesa que para esa fecha le indignaba la poca atención de la población sobre las misteriosas muertes de campesinos. Esas que estaban presentes en las primeras planas de los diarios, en las pantallas de cada hogar a través de los telenoticieros, las que todos veían, pero como presos de un encantamiento, volteaban su mirada hacia otro lado. Lo cierto es que las protestas desde entonces eran reprimidas; y eso lo tiene muy claro la joven, por ello afirma que abril no marcó el inicio de todo, considera que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, con el pasar de los años, fue recrudeciendo la represión. Lentamente, a vista y paciencia de ciudadanos desatendidos de la realidad, mecanizados, poco reflexivos ante las escaladas represivas.

Todos esos eventos eran el preámbulo de lo que iniciaría a verse con mayor escala en abril de 2018.

El 19 de abril la joven doctora se encontraba de vacaciones, caminando por el sector que comprende la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), se encontró de cara con el estallido social. Una multitud de personas gritando consignas, varios jóvenes con las caras tapadas, usando sus camisas como máscaras para no ser detectados por la Policía y la JS. Disparos, que hasta ese momento eran de balas de goma por parte de agentes de la policía, contra piedras que lanzaban los manifestantes, así, de la nada, estaba en el epicentro de un terremoto del que aún Nicaragua sigue sin levantarse de los escombros.

Su reacción al ver esa vorágine social fueron unas breves palabras, “se dio la bofetada definitiva para que Nicaragua abriera los ojos”. Desde ese momento no aguantó los impulsos para apoyar en lo que pudiera a los jóvenes que luego se tomarían las universidades como método de protesta.

Rumanía decidió atrincherarse, lo hizo en dos universidades, primero en la Upoli y luego en su antigua casa de estudios, la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua). Entre ambos recintos calcula que atendió alrededor de 60 personas que presentaban afectaciones por balas de goma, gases lacrimógenos, enfermedades comunes que se desataban por el ambiente de tensión, hasta escalar a lo que definió como “lo más fuerte”, lo que aún la persigue y no podrá olvidar: los heridos por balas de plomo.

Entre esos recuerdos que aún tiene presente está el de un muchacho al que no logró salvar. El joven fue herido en las trincheras que se montaban en las universidades, recibió un impacto certero de bala en el occipital, detrás de la cabeza. Ella, junto con estudiantes de medicina trataron de hacer todo lo posible para salvar la vida del universitario. No lo lograron. Es la fecha y ella no puede borrar esas imágenes ni el sentimiento que le provocó ese momento.

-¿Cómo te sientes luego de haber vivido eso?

– Guardo rencor sabés, por la forma en que atacaban a los chavalos, las heridas que presentaban, yo que estuve allí, de cerca, pude ver la saña de cómo atacaban a los jóvenes y el armamento utilizado, donde habían balas de verdad. ¡Estaban tirando a matar!

Esos sentimientos, la mezcla entre rabia, impotencia, y frustración la llevaron a involucrarse más en las manifestaciones sociales, abriendo así otro capítulo de su resistencia cívica, esta vez en el campus de la UNAN.

UNAN-Managua

Desde el siete de mayo de 2018, jóvenes autoconvocados y estudiantes se tomaron el Recinto Universitario Rubén Darío (RURD), de la UNAN-Managua, en protesta a las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo; así como el irrespeto a la autonomía universitaria por parte de las autoridades de esa casa de estudios, que están alineadas al gobierno.

Rumanía considera que la toma de la UNAN era necesaria y que la llenó de mucho orgullo. En ese momento, ella como exestudiante de esa casa de estudios decidió mover su atrincheramiento de la Upoli a la UNAN, donde permaneció hasta que policías, en conjunto con paramilitares (fuerzas de choque armadas con armamento militar, bajo las órdenes del régimen), sacaran por la fuerza a los estudiantes el 13 de julio de 2018.

Ella estaba encargada del puesto médico “Arlen Siu” en la UNAN-Managua. Como compromiso con los jóvenes decidió renunciar a su trabajo, sus pasatiempos, y, hasta cierto punto, a su familia. Prácticamente dejaba toda su vida para unirse las 24 horas a las trincheras. Este gesto le valió ganarse la estima y el cariño de los atrincherados, quienes por aprecio le decían la “doc”.

A raíz de su decisión de atrincherarse en universidades, la joven doctora decidió borrar todo registro en las redes sociales. Eliminó su cuenta en Facebook y desde su perfil en Twitter se mantuvo denunciando los ataques que les propinaban los policías y paramilitares; así como informar sobre las necesidades o provisiones de las cuales carecían en el recinto, con el fin conseguir apoyo de las personas.

Borró todo rastro de ella en las redes, quedó solo informando. Se convirtió en un fantasma ante esta era digital para proteger su vida.

Sin embargo, destaca que eso no le afectó, ya que su fortaleza (para atrincherarse y soportar la represión) siempre ha venido de los demás jóvenes. En las barricadas de la UNAN se encontró con muchachos desde los 15 hasta personas de 30 años, recordarlos produce en ella un cúmulo de sentimientos, pasando de la alegría a la nostalgia.

Por tal razón, antes de hablar de los ataques que sufrían por parte de policías y paramilitares mientras estaban atrincherados, Rumanía prefiere hacer una pausa, despejar un rato la mente de los recuerdos tristes, dolorosos y opta por destacar la convivencia y el compañerismo de los jóvenes en las barricadas.

Crónica 1 (1)
Desde niña Rumanía se dio cuenta que tenía la vocación de servir a los demás, la medicina fue el vehículo que afianzó su deseo de ayudar a otros. Multienfoque/ Ilustración de Jairo Pérez.

Tras el tiempo que pasó en la UNAN, manifiesta que llegó a ver a los muchachos como su familia, la unión y el compañerismo en las trincheras propiciaron un ambiente familiar. “Recuerdo cuando llegaba del trabajo y los chavalos se ponían a jugar fútbol, llegaban y me abrazaban como ‘ahí viene la doc’ (sip.), esa es una de las cosas que no olvido, me sentía cuando llegabas a tu casa y te recibía tu familia”.

Esa cercanía también la transformaron en medio de resistencia y fue así como empezaron a relucir las bromas y los momentos jocosos para burlar la represión.

– ¿Qué hacían para burlar la represión?

– Cuando nos mandaban los drones a vigilarnos, recuerdo que había un momento en que los chavalos hicieron una canción -comienza a recitarla-, ‘ya queremos, ya queremos, ya queremos que venga el dron, para turquearnos con esos cabrones, chico López (fiel aliado del régimen Ortega-Murillo, que tiene una casa cerca de la UNAN) es un frijolón”.

Ese era parte del ambiente que se vivía en las barricadas de las universidades en Nicaragua, ante el asedio, represión y hostigamiento de la Policía, las y los muchachos respondían con bromas para sobrellevar las horas angustiantes. Además, recordar que, pese a su decisión y la convicción de protestar, seguían siendo jóvenes y así pasaban el tiempo, sacando a relucir la característica esencia burlona de los nicaragüenses.

Trece de julio, 2018

– ¿Qué se te viene a la mente al recordar el 13 de julio de 2018?

– Lo primero que se me viene a la mente es el sonido de las balas, correr y abrazar a los chavalos que conocí en ese proceso y que se convirtieron en mi familia. Mientras estaba en medio de las balas me invadió el miedo, pero luego tuve una sensación de resignación, de tranquilidad, porque si moría, iba a morir haciendo lo que amaba (brindar servicios médicos) e iba morir haciendo lo correcto, no estaba haciendo nada malo.

El 13 de julio de 2018 Nicaragua vivió varios días en uno: paro nacional, acto de repliegue táctico de Managua a Masaya y el ataque paramilitar y policial a la UNAN-Managua y la iglesia Divina Misericordia; muchos acontecimientos para escasas 24 horas.

“Siempre hay que pedir por la paz… Ellos (personas autoconvocadas y estudiantes) están llenos con veneno y odio… debemos apelar al retorno del camino a la paz”, expresaba el presidente Daniel Ortega, en el acto del repliegue táctico a Masaya, desde la estación policial de esa ciudad, luego de ordenar un ataque con armamento de guerra a jóvenes que se mantenían protestando de forma pacífica, atrincherados en la UNAN-Managua.

La ofensiva contra los atrincherados comenzó cerca de las tres de la tarde. Policías y paramilitares se acercaron en camionetas hasta las barricadas de la rotonda Rigoberto López Pérez (próxima a la universidad) y comenzaron la brutal ofensiva con fusiles de guerra contra los jóvenes, quienes se defendían con lanza morteros, piedras, bombas molotov y algunas armas caseras.

Mediante las redes sociales, los muchachos hicieron visible el ataque, publicando fotos, videos e incluso transmisiones en vivo por medio de Facebook y Twitter. En los videos se lograban escuchar las incesantes descargas de disparos, provenientes de los fusiles de los policías y los paramilitares, y en algunas imágenes se lograron apreciar armas de guerra

Rumanía cuenta que, en ese momento, por el sonido de los proyectiles que disparaban los policías en conjunto con los paramilitares, logró identificar qué tipo de armamento usaban para sacarlos de la universidad. La galena, por medio de los ataques que vivió durante tres meses (desde mayo de 2018) como atrincherada en la UNAN, aprendió a distinguir parte de las armas que utilizaban las fuerzas represoras del gobierno. “Llegamos un momento, debido a los ataques de días anteriores al recinto, que podíamos reconocer el sonido de las balas, sabíamos que nos atacaban con trazadoras, Dragunov”. Increíblemente estaba en lo cierto, parte de ese armamento era el utilizado para atacarlos.

Lo mencionado por ella quedó comprobado en el estudio publicado por Bellingcat -sitio web británico especializado en investigaciones de conflictos armados, abusos contra derechos humanos y verificación de hechos- donde se analizaron las imágenes que circularon por las redes sociales, logrando comprobar el uso de armamento militar contra los jóvenes que se atrincheraban en la UNAN.

El estudio “Análisis del Arsenal de los Paramilitares Nicaragüenses”, publicado por Bellingcat, detalla de forma rigurosa las armas utilizadas contra los jóvenes el 13 de julio de 2018 en la UNAN-Managua y la parroquia Divina Misericordia. “Usando información de fuente abierta, este artículo identifica estas armas y otras en las manos de fuerzas paramilitares y policiales”, se lee en el documento. “Fusil Remington 700, M16A1, pistolas Bersa Thunder, Fusiles AK, Radios comunicadores Mototrbo, Galil Arm, Ametralladora tipo PK y Dragunov SVD”, fue parte del arsenal que logró verificar el experto de Bellingcat, Giancarlo Fiorella.

De igual forma, en el informe “Sembrando el terror: De la letalidad a la persecución en Nicaragua”, de Amnistía Internacional, que documenta las “violaciones a derechos humanos cometidas del 30 de mayo hasta el 18 de septiembre de 2018”, se logró ratificar lo expuesto por Bellingcat y cómo se utilizó la fuerza letal contra manifestantes.

“Se documentó el uso generalizado de fusiles tipo AK por parte de policías y parapolicías (en ocasiones con cargador de tambores), e identificó en varios escenarios el uso de fusiles de francotirador como el Dragunov, el M24 Remington y el FN SPR, así como ametralladores RPK y PKM, e incluso un lanzagranadas antitanques de guerra tipo RPG-7”, reza el informe del organismo.

No obstante, Rumanía no sabía todos eso datos, lo que recuerda es que los disparos de aquel fatídico día comenzaron por la rotonda Rigoberto López Pérez, en ese instante, un muchacho la agarró y le dijo: “doc (sip.) no te movás, quedate aquí, a vos no te pueden dar”. Ella no estaba bien cubierta, en parte se encontraba paralizada por el temor a causa del despliegue represivo. La joven tiene marcado ese momento en la memoria, porque ese muchacho que intentaba salvarla era un estudiante de secundaria, con apenas 15 años que acompañaba a los universitarios que decidieron atrincherarse en el recinto.

Transcurrida una hora del ataque, algunos universitarios procedieron a grabar videos donde se despedían de sus seres queridos, porque no creían salir con vida de la ofensiva montada por la Policía y los paramilitares. Pese a ello y contra todo pronóstico, algunos lograron llegar hasta la parroquia Divina Misericordia, ubicada a 600 metros de la UNAN, para refugiarse. Cuando algunos de ellos llegaron hasta la capilla se encontraron al vicario Erick Alvarado y al párroco Raúl Zamora, quienes brindaron refugio, pero aún quedaban muchos en el campus universitario, por lo que, el párroco Zamora decidió salir por el resto que seguía entre las balas de los paramilitares y policías. Zamora realizó varios viajes, en medio de las ráfagas de disparos -arriesgando su vida-, como si pasara por un campo de guerra, un sacerdote abriéndose paso entre las balas para lograr llevar consigo a los jóvenes restantes.

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Las 17 horas que duró el ataque a la UNAN y a la parroquia fueron la peor pesadilla para la joven doctora. Multienfoque/ Ilustración de Jairo Pérez.

La acción del párroco era entendible, porque el ataque contra la UNAN fue tan despiadado. Las imágenes se volvieron tan virales en las redes sociales que provocaron que en plena sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), sobre la crisis en Nicaragua, el secretario general Luis Almagro, exigiera en vivo el cese al ataque contra el recinto universitario. “En este momento, la UNAN, la universidad está bajo ataque. Solicitamos que inmediatamente se detenga este ataque, que inmediatamente se detenga el tiroteo del que son víctima los estudiantes que están ocupando la universidad”. Las palabras de Almagro no surtieron efecto, en cambio, el ataque recrudeció.

Divina Misericordia

Contrario a lo que los muchachos y Rumanía pensaron, la ofensiva paramilitar y policial no cesó cuando ellos se refugiaron en la parroquia Divina Misericordia. Las fuerzas del régimen Ortega-Murillo atacaron sin escrúpulos la fachada del templo, causando estragos que aún son visibles y que los sacerdotes prefieren no reparar, para que quede un registro del ataque al templo católico. Los policías se mantuvieron en permanente posición de ataque hasta la mañana del 14 de julio de 2018, como cazadores tras su presa, pero en este caso, trataban de cazar a estudiantes universitarios dentro de una iglesia.

En la capilla se resguardaron el vicario Alvarado, el párroco Zamora, las y los atrincherados y algunos periodistas que cubrían el ataque. Entre los comunicadores se encontraba José Noel Marenco, experiodista del medio de comunicación -actualmente clausurado y confiscado por el régimen- 100% Noticias.

Marenco compartió espacio en la parroquia junto con Rumanía y los demás muchachos. El comunicador pensó que ese iba a ser el último día de su vida y la de todos los que se refugiaban en dicho lugar. “Moriré haciendo lo que amo”, fue lo primero que se dijo a sí mismo. Y agrega “sabés, casi nunca pensamos cómo sería el día de nuestra muerte, preferimos pensar, ¿cómo serán nuestros hijos? ¿Dónde te gustaría jubilarte? Y cosas más triviales, pero nunca te imaginás que por la mañana estarás en tu escritorio escribiendo para el medio de comunicación para el cual trabajas, y por la noche estarás en el suelo, sintiendo la sangre de alguien que se está desangrando a la par tuya, escuchando pasar balas por tu oído, y viendo los sesos destapados de algunos estudiantes”.

El comunicador relata que en su memoria quedará grabado para siempre el patriotismo que mostraron los jóvenes que permanecieron atrapados con él en el templo católico. Marenco rememora que en medio de las balas y tirados en el suelo, las y los jóvenes entonaron las notas del Himno Nacional. “Pusieron de cabeza a todo un régimen millonario, y movilizaron a todo un grupo de asesinos armados hasta los dientes para expulsarlos de su propia universidad”, narra.

Pese al patriotismo de los muchachos, su espíritu, su garra y su compañerismo; así como los esfuerzos del vicario Alvarado y el párroco Zamora, fue imposible evitar el asesinato de dos jóvenes: Gerald Vásquez (el chino) y Francisco Flores (el oso).

Estaba amaneciendo, el sol comenzaba a salir, cuando de pronto se escucha un lamento ensordecedor: “Mataron al chino, mataron al chino”, luego de eso, Rumanía recuerda que uno de los muchachos, por el impacto de ver a Vásquez sin vida, le agarró fuerte la mano y ella le respondió con un abrazo. “Ver su cuerpo en el comedor del padre y que expirara, una de las imágenes que jamás olvidaré”, recapitula, con un tono de voz triste.

La doctora aún se muestra muy sentida por el asesinato de su otro compañero en las barricadas de la UNAN, Francisco Flores (el oso). El cuerpo de Flores quedó tirado por un buen tiempo en el pavimento, sus compañeros no podían recogerlo porque estaban muy expuestos a los paramilitares y policías. Si salían se convertían en un blanco fácil para los francotiradores.

Flores había quedado fuera de la capilla, en la primera barricada de defensa que habían montado los universitarios para tratar de defenderse, por un momento, el joven quedó expuesto, se descuidó por unos breves segundos y recibió un disparo certero que acabó con su vida. Rumanía y el resto de los muchachos solo veían de lejos el cuerpo, ya sin vida, de su “compañero de lucha”, quien solo portaba un lanza morteros para su defensa.

-“Su cuerpo estuvo tirado en la calle y ninguno de los chavalos pudo ir a traerlo, porque si salían eran otro blanco fácil -se toma una pausa e inhala un poco de aire-, porque ya había luz del día. Hasta que se pudo salir por él se trajo su cadáver, se puso en una mesa y con la bandera (de Nicaragua) encima. Él se quedó con su lanza mortero en la mano, y con una sonrisa, eso es convicción”.

El 14 de julio de 2018, por mediación del cardenal Leopoldo Brenes y del nuncio apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag, los muchachos lograron salir de la iglesia Jesús de la Divina Misericordia, donde un autobús los transportó hasta la Catedral de Managua. Pese a ello, algunos paramilitares y policías, como en una escena tétrica e inimaginable, hacían gestos de “saludos” con las armas que portaban a las y los jóvenes que estaban abordando el medio de transporte, no les bastó la tortura física y las heridas que dejó el ataque, querían afectarlos psicológicamente. Así fue el cierre de esas interminables diecisiete horas de terror (tiempo que duró el ataque a la UNAN-Managua y a la parroquia Divina Misericordia), pero marcaban el camino al exilio para Rumanía.

La ruta al exilio

Tras su atrincheramiento y lo vivido en la UNAN y la parroquia Divina Misericordia, la joven sabía que corría peligro, que policías o paramilitares podían capturar a los muchachos que se atrincheraron e igual a ella. Sabía que si se quedaba, tarde o temprano llegarían por ella. Pese a eso, la doctora no tomó la decisión de exiliarse, fueron miembros de su familia quienes le aconsejaron irse. “Luego me puse a pensar que si a mí me llegaran a agarrar, podría perjudicar a todos ellos y no quería eso”, comenta.

Antes de su partida, se refugiaba –junto con otros muchachos- en casas de seguridad, pero la Policía dio con las ubicaciones, por lo que otros jóvenes, les alertaron que debían irse, los policías estaban cerca del lugar.

Fue así como el 30 de septiembre de 2018, la joven se enrumbó en un viaje que, hasta el momento, no tiene fecha de retorno. Con una mochila, en la que llevaba: un pantalón, dos camisas, un cuaderno, un suéter; ungüento marca Zepol, jabón de baño, cepillo y pasta dental, partió de su tierra por temor a ser capturada por las fuerzas represoras bajo el mando del gobierno Ortega-Murillo.

Mientras salía del país, dos sentimientos la abrumaron: el miedo y la tristeza se apoderaron de ella. La incertidumbre se asomaba a su paso. Aún carga el peso de no haber logrado despedirse de sus seres queridos, por la prontitud en la que tuvo que salir cuando detectaron sus casas de seguridad. Con tantos momentos vividos en poco tiempo, recién se acordaba que no había tenido tiempo de llorar a los jóvenes que cayeron en las barricadas por protestar contra el gobierno. “No pude llorar a mis muertos ni abrazar a mis vivos”.

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No haber llorado adecuadamente a sus compañeros asesinados en las barricadas es uno de los lamentos de Rumanía. Multienfoque/ Ilustración de Jairo Pérez.

El plan de la galena cambió por completo. Buscaba pasaporte para salir del país, en ese proceso, unas personas que le estaban ayudando en la gestión de los trámites, le alertaron que ella y demás muchachos atrincherados aparecían en una lista de Migración y Extranjería. Con esto, la joven no podía salir o se le dificultaría hacerlo de manera legal.

Con la advertencia, Rumanía decidió que debía abandonar el país por tierra, así fue como ella logró burlar esa medida de Migración y Extranjería y se dirigió a su primer destino, Honduras. Llegó a ese país centroamericano porque era al único donde podía moverse (en materia de seguridad). Además, sin pasaporte ni dinero, dependió de la ayuda de amigos y amigas que le brindaron su apoyo.

Así Rumanía se sumaba a la lista de profesionales de la salud que abandonaban el país para salvaguardar su vida. El doctor José Luis Borgen, vicepresidente de la Unidad Médica Nicaragüense (UMN) -organización que aglutina a médicos despedidos arbitrariamente por la exministra de salud, Sonia Castro- detalla que hasta el 25 de septiembre de 2019 se reportaban 92 profesionales de la salud que habían optado por exiliarse ante la persecución gubernamental. Ante estas cifras, el galeno específica que 64 de ellos se encuentran divididos en “Costa Rica, Estados Unidos, España y Ecuador”. Y añade “hay varios que se encuentran en diferentes países de Europa, pero estimamos que hay más médicos exiliados”.

Borgen enfatiza que la persecución contra las y los médicos es por motivos políticos, por tanto, los despidos y el asedio no son justificables. “Como Unidad Médica exigimos el cese del asedio, hostigamiento a los profesionales de la salud. También exigimos el reintegro de los médicos que han sido despedidos arbitrariamente; en Nicaragua urge que deje de ser un delito brindar atención a las personas heridas, ese es nuestro deber”.

La preocupación de Borgen quedó evidenciada en el boletín de los meses de octubre y noviembre de 2019 del Mecanismo Especial de Seguimiento para Nicaragua (Meseni), instalado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), contabiliza más de 405 profesionales de la salud despedidos por brindar ayuda médica a manifestantes y mostrar una opinión adversa al gobierno Ortega-Murillo.

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Comunicación

Tras enrumbarse al exilio se pierden muchas cosas, entre ellas la comunicación con seres queridos y cercanos, con Rumanía no fue la excepción.

Entablar comunicación muy seguido con sus familiares le preocupa. Desde que salió del país, policías han comenzado a asediar la vivienda de su familia en Nicaragua, según ella no quiere perjudicar a sus seres queridos, siente que lo hace. Es por esto que habla con ellos una o dos veces al mes por videollamadas. Su mamá le comentó que llegaron policías a su casa a preguntar por ella. “Fue hasta que yo salí del país, en septiembre del año pasado (2018), que llegaron a mi casa. Policías preguntaban por mí, las respuestas de mi mamá y mi abuela fueron ‘ella no vive aquí’, trataron de cerrarse así. Luego unas camionetas plateadas pasaban y se mantenían afuera de la casa, con las luces encendidas”.

Actualmente, su mamá no le ha comentado nada sobre asedio de policías a su vivienda, aunque piensa que lo hace para no preocuparla. “Así hace con varias cosas”, dice. En el exilio ha sentido la falta de tener a personas cerca para poder contar sus cosas, extraña la comunicación. Más aún con el giro que dio, de un país centroamericano como Honduras a viajar a Europa.

Contexto

De Honduras decidió ir a Europa, a buscar mayor estabilidad. Por antecedentes de simpatizantes del gobierno Ortega-Murillo de asediar e insultar a exiliados que se encuentran en la misma región donde está, prefiere no brindar ubicación. “En una parte de Europa, así es más seguro para mí”. La joven teme al asedio.

Para ella, llegar al viejo continente ha significado una barrera cultural abismal. Todo le es raro, costumbres, choques de perspectivas. En su estadía en Europa no ha logrado conseguir un trabajo formal. Limpiar casas y cuidar de niños es lo que ha hecho para sobrevivir. Comparte un cuarto con tres mujeres más, todas de distintas nacionalidades, en un campo de refugiados. Pese a ello, la joven médica repite constantemente: “Es difícil, pero no nos rendimos. No le tengo miedo al trabajo, hay que ser fuerte”. Ser fuerte, lo repite varias veces, como un mantra.

Al preguntarle cómo describiría lo que es vivir en el exilio, ella, al instante suspira. Se toma un tiempo para contestar. No le es fácil. “Salí el 30 de septiembre de 2018. El exilio se puede resumir como (más silencio, doce segundos exactamente marcados en el registro de audio) con frío, a esto me refiero al aspecto de que te encontrás muchas veces con gente indiferente, que te encontrás con soledad, con vacío… Incierto, porque no sabés a lo que vas, ni a lo que te vas a enfrentar. Sin fecha de caducidad, porque no sabés cuándo va a terminar. Aunque considero que esto me sirve de terapia (la entrevista), para poder expresarme”.

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Rumanía extraña la comunicación con su familia y su país, es de lo más doloroso para ella. Multienfoque/ Ilustración de Jairo Pérez.

Desde el exilio ella añora muchas cosas de Nicaragua, entre ellas la comida nicaragüense, extraña el característico sabor de su país. “Extraño todo, la comida, el gallopinto (con un tono de desear saborearlo), carne asada, la comida nica… Fijate que cuando uno está afuera y pierde cosas es que en verdad uno empieza a extrañar, a valorar”.

-¿Qué disfrutabas hacer en Nicaragua?

– Por ejemplo, a mí me encantaba ir a Masaya y tomarme un batido en la plaza, extraño un fin de semana donde agarraba la ruta y me iba a Granada, luego a mi casa.

Pese a las consecuencias que trajo consigo involucrarse en las protestas antigubernamentales y atender a jóvenes heridos, Rumanía no duda ni un segundo en afirmar que lo volvería a hacer, pero con una leve variante. La galena confiesa que tomaría mayores medidas de seguridad, más precaución, pero saldría nuevamente a las calles. Luego, en tono de broma añade “lo que me arrepiento es de no haber comido más fritanga antes de salir del país”.

-¿Qué enseñanzas te ha dejado este proceso?

– He madurado como decimos a la mala, valoro hasta el más mínimo detalle, el exilio reafirmó mi fe en que aún hay gente buena. También, a nivel general creo que hemos aprendido que las y los nicaragüenses unidos somos fuertes, que no debemos cometer los errores del pasado, haber enterrado por ejemplo que Daniel Ortega es un violador (caso de denuncia que tiene el mandatario de su hijastra, Zoilamérica Ortega Murillo), y aun así votaron por él, nunca un violador será buen presidente.

Para sobreponerse a su actual condición, recuerda en las noches solitarias, en los días agobiantes, aquellos que se asemejan a la eternidad, los momentos de compañerismo que vivió con los muchachos en la UNAN-Managua, para la joven, ellos son el principal motivo de que siga en pie y con su anhelo de ver una Nicaragua libre y democrática. “Hay que recordar lo bueno, lo positivo, no solo lo malo. Eso siempre hago, como recordar lo que hacían los chavalos en las barricadas y nos reíamos. Las comidas épicas con Marruchan por las noches en las trincheras”.

Con 27 años Rumanía pasó de tener una profesión, una vida estable y la cercanía de su familia, a huir de su país por atender heridos y protestar contra el gobierno Ortega-Murillo. Constantemente se repite a sí misma que debe ser fuerte y mantener vivo el anhelo de un país libre, donde pueda protestar sin temor a ser asesinada o arrestada. La “doc” de las barricadas, como la nombraron las y los atrincherados, espera volver a su tierra, abrazar a sus seres queridos y por fin llorar y rendir homenaje a sus compañeros de lucha asesinados.

Autor: Multienfoque

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