Masaya: La eterna ciudad rebelde

Masaya
Jóvenes autoconvocados de Masaya cargando un ataúd. Cortesía LoboMY

En el operativo policial y paramilitar participaron más de 1,500 efectivos con armas de guerra, según la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH)

Ha sido bastión de lucha popular contra dos regímenes autoritarios (la dinastía de los Somoza y la dictadura Ortega-Murillo), pese a ser una ciudad pequeña es considerada el epicentro de la rebeldía; esta es Masaya, la tierra que no se doblega ante los tiranos.

Durante las protestas pacíficas que iniciaron en abril de 2018 en Nicaragua, exigiendo la salida de Daniel Ortega y Rosario Murillo del poder, Masaya se convirtió en un ejemplo de resistencia cívica organizada. Las huestes policiales y paramilitares -bajo el mando de la dictadura Ortega-Murillo- fueron replegadas en más de una ocasión por las y los pobladores de la “Ciudad de las Flores”, quienes resistían con morteros, bombas de contacto, bombas molotov y algunas armas caseras, contra el armamento de guerra de agentes de la Policía y grupos irregulares armados.

En el período de la dictadura somocista Masaya jugó un rol protagónico, al punto de ser considerado uno de los bastiones más representativos del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN); 39 años después, ese mismo bastión estaba listo para hacer frente a otra dictadura, en este caso a la de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que representa al FSLN en el poder. Dicho factor provocó que los dictadores se ensañaran más contra esta ciudad.

Cuando se levantaron los primeros tranques contra el régimen Ortega-Murillo en 2018, Masaya prácticamente contaba con barricadas en cada calle, la ciudad se cerró completamente en símbolo de protesta cívica y pacífica. Por cada tranque existía una organización, esto debido a que se montaron también como mecanismo de protección contra policías y paramilitares.

La resistencia de las y los pobladores de Masaya logró tomar por varias semanas el control de la ciudad, incluso acorralaron la estación policial. No obstante, las embestidas de los paramilitares y la Policía eran cada vez más brutales e iban desgastando poco a poco la organización de las personas autoconvocadas. En la estación de la Policía de Masaya había quedado atrapado uno de los personajes más cercanos a la dictadura, el comisionado mayor Ramón Avellán Medal, actual Sub director de la Policía. Avellán es señalado de dirigir los operativos más despiadados contra la “Ciudad de las Flores”.

El inicio del ataque      

El diecisiete de julio de 2018, un fuerte operativo policial y paramilitar armado con fusiles de guerra, ingresó desde las seis de la mañana a Masaya. El objetivo era recuperar el control de la ciudad y desmontar las barricadas que la población había levantado contra la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Paramilitares y policías se encargaron de cercar la ciudad y cerrar todas las vías de acceso a Masaya; en medios de comunicación alineados a la dictadura se celebró esta masacre contra este pueblo desarmado y fue visto como un acto de “paz” y “liberación” en favor de las y los pobladores.

Las y los habitantes de Masaya señalaron que, desde la madrugada del diecisiete de julio, las fuerzas irregulares armadas por el régimen Ortega-Murillo, ingresaron por algunos barrios: Camilo Ortega, Las Malvinas, Magdalena, Países bajos y San Miguel. También mencionaron que algunos de ellos gritaron al entrar a la ciudad “Llegaron los azules”, en alusión a la Policía y a la vestimenta que portaban los paramilitares ese día, para no confundirse y evitar atacarse entre ellos.

En su momento, la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH) cifró a las víctimas mortales de ese día en cuatro, tres autoconvocados y un policía. De igual forma, el organismo de derechos humanos señaló que el operativo armado llegó a contar con 1,500 efectivos, entre policías y paramilitares.

La ofensiva fue centralizada contra el barrio indígena de Monimbó, considerado el epicentro de la organización cívica en Masaya. Un día antes del ataque, el comisionado Avellán señaló en medios oficialistas y de propaganda a la dictadura, que limpiaría todos los tranques de la ciudad. “La orden de nuestro presidente y de la vicepresidenta es ir limpiando las calles, estos tranques a nivel nacional… vamos a cumplirla. ¡Al costo que sea!”, sentenció Avellán.

Masaya 2 Cortesía redes sociales
Paramilitar apuntando con arma de guerra a un autoconvocado en Masaya. Cortesía Redes sociales.

“Es una fecha que marcó y seguirá marcando mi vida por el resto de mis días, para mí y muchos de mis compañeros, el peor día que hemos vivido. Pero, por otra parte, también me llena de orgullo saber que hasta este día pudimos resistir las brutales embestidas del régimen, solo con el coraje, las ansias de libertad y un par de armas caseras”, recuerda Lobo, un joven autoconvocado que se mantenía en las barricadas para hacerle frente a las huestes del orteguismo.

En el ataque a la “Ciudad de las Flores” se logró apreciar la complicidad de la Policía con las fuerzas de choque del régimen, varias fotos en redes sociales -capturadas por pobladores de Masaya- muestran que de las camionetas policiales también bajaban estas fuerzas irregulares. Esto quedó evidenciado en el Informe Anual 2018 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) “en muchas ocasiones, los grupos parapoliciales fueron trasladados en vehículos oficiales o escoltados por los agentes del orden y, de manera general, participaron vestidos de civil y fuertemente armados”, se destaca en el informe.

La resistencia de Masaya

El Lobo -como prefiere ser identificado este joven autoconvocado- participó activamente en protestas pacíficas contra la dictadura Ortega-Murillo y estuvo presente en las barricadas de Masaya. Cuenta que casi todos los días, él y sus compañeros “bailaban con la muerte al son de balas y morteros”; no obstante, recuerda que en cuatro ocasiones pensó que no sobreviviría: El 30 de mayo en la marcha de las madres, donde quedó en medio de las balas que disparaban los policías contra la población; la noche del ocho de junio de 2018 en una barricada de Masaya, cuando los atacaban con ametralladoras; el 19 de junio cuando paramilitares y policías sacaron al comisionado Ramón Avellán de la estación policial de Masaya; y, el diecisiete de julio de 2018, luego del ataque, un grupo de aproximadamente 20 personas -en las que estaba incluido Lobo- huyeron a refugiarse en las laderas de la laguna de Masaya, para evitar ser capturados por policías y paramilitares.

– Cuando entraron a Monimbó los paramilitares, ¿cómo lograron escapar de esa persecución? – pregunto a Lobo

– Con mi grupo nos íbamos replegando de barricada en barricada, hasta que llegamos a la última, donde resistimos hasta las cuatro de la tarde. Ya después no pudimos hacer más que huir por nuestras vidas; aprovechamos que los efectivos no conocían el barrio y sus salidas, y bajamos por un cauce que divide Monimbó y el Cailagua, llegamos a Bombonací y bajamos por las laderas de la laguna para bordearla. Éramos como 200 personas allá abajo, unos caminarían hacia el sur y nosotros hacia el norte.

Ese día Lobo rememora el miedo que sintió al estar entre las ráfagas de disparos de los paramilitares y policías, pensó que no sobreviviría, que no volvería a ver a su hijo, familia y amigos. Pero, asegura que lo invadió un sentimiento de rabia e impotencia, por no enfrentar en igualdad de condiciones a las huestes armadas del régimen orteguista.

En Masaya también se dieron más muestras de resistencia cívica y pacífica de las y los habitantes, tal es el caso de la joven que prefiere ser citada como MB, para proteger su identidad. MB se encargaba de alimentar a las y los muchachos que se mantenían en las barricadas, relata que todos los días les daba café, en sus palabras “era infaltable”. “Les di comida, la poca que teníamos la compartía, también les apoyé con dinero para morteros que era lo único con lo que podían defenderse, en Masaya sufrimos el hambre al no tener supermercados abiertos, al no tener bancos, al no haber cajeros”, afirma MB.

– ¿Qué tipo de comida les ofrecías a los jóvenes?

– Cafecito todos los días, galletas, y una buena palangana de frijolitos. Recuerdo que decían que si podíamos a veces les consiguiéramos cigarro para aguantar el frío, en el tiempo de barricadas llovió y bajo la lluvia a las dos de la madrugada un cigarro con una tacita de café les curaba el frío.

Masaya 4 Carlos Herrera Confidencial
Barricadas levantadas en Masaya. Cortesía de Confidencial/Carlos Herrera

MB relata que estas acciones las hacía por su cuenta, sin apoyo. Aunque destaca que en algunas ocasiones gestionó donaciones de medicina y comida para Monimbó. “Personas de buen corazón de Managua también ayudaron muchísimo. Trayendo víveres a Masaya, ¡unidos éramos más!”, comenta.

– ¿De qué otras formas los apoyabas?

– Para mí el apoyo más fuerte fueron mis oraciones, tantos días de rodillas supliqué a Dios que cuidara la vida de cada uno de ellos. Mientras llovían balas, mientras el silencio de las calles de Masaya era interrumpido sólo por las balas. Tantos días lloré por ellos, solo pidiendo a Dios por sus vidas.

De igual forma, MB comparte que la principal motivación para apoyar a los autoconvocados fue su pequeño hijo, porque quiere que él viva en una Nicaragua “mejor que la que yo misma he conocido”. Por otro lado, destaca el heroísmo de los jóvenes, que por más de un mes aguantaron desvelos, lluvia, hambre, frio y hasta balas en las barricadas.

El armamento de guerra

En los 43 días que duró la llamada “Operación limpieza” ordenada por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo para desmontar los tranques que había levantado la población como medio cívico de protesta, se pudo observar que policías y el ejército irregular armado de paramilitares, utilizaron armas de guerra contra los ciudadanos, armamento de uso restringido y que solo puede ser portado por el ejército. Previo a la ofensiva final contra Masaya el diecisiete de julio de 2018, se dieron varios ataques, en los que destacaron por su brutalidad los operativos contra Carazo (el ocho de julio de 2018) y el ataque contra universitarios atrincherados en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) el trece de julio de 2018, en ambos eventos agentes policiales y paramilitares utilizaron fusiles de guerra, lo cual quedó evidenciado por fotos y videos que compartieron los habitantes de los sectores afectados esos días.

El estudio “Análisis del Arsenal de los Paramilitares Nicaragüenses”, publicado por Bellingcat -sitio web británico especializado en investigaciones de conflictos armados, abusos contra derechos humanos y verificación de hechos- donde se analizaron las imágenes que circularon por las redes sociales, logrando comprobar el uso de armamento militar contra los jóvenes que se atrincheraban en la UNAN el trece de julio y el ataque a Masaya el diecisiete de ese mismo mes.

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Policías y paramilitares luego de atacar Masaya. Cortesía Redes sociales

Específicamente en el ataque a la “Ciudad de las Flores”, el investigador Giancarlo Fiorella, logró verificar el uso de las siguientes armas en el informe: “MPI-KMS-72, Galil Arm, M16A1, AK, PSL, M79 Lanzagranadas, Remington 700, Dragunov SVD, Ametralladora tipo PK y Escopetas Mossberg 500”, ese fue el arsenal de guerra con el que paramilitares y policías atacaron a los autoconvocados en Masaya, que se defendieron con Lanza Morteros, bombas de contacto, bombas molotov y algunas armas caseras.

Luego del ataque, antimotines quitaron la bandera de Nicaragua en la placita Pedro Joaquín Chamorro y colocaron la del FSLN.

-Si tuvieras la oportunidad, ¿qué les dirías a Ramón Avellán y Orlando Noguera (alcalde de Masaya)? – pregunto a Lobo

– La verdad no sé si pudiera decirles algo sin que mis impulsos intenten actuar en contra de ellos. Avellán es la persona a la que más le tengo odio y resentimientos, incluso por encima de Ortega y Murillo, puesto que no sólo fue autor intelectual, sino que también mediato, ejecutando las órdenes de masacre y represión y asesinatos de mis hermanos. Lo único que les diría es que les va a llegar su hora de pagar y con creces.

La ciudad de la “furia”

-Para el Lobo, ¿por qué Masaya es la ciudad de la “furia”?

-Ciudad de la Furia” es un adjetivo que le puse a Masaya, porque demuestra lo que es; porque a pesar de ser la ciudad más pequeña y la más asediada militarmente del país, es la que ha puesto y sigue poniendo el pecho resistiendo día a día, manteniendo viva la llama de la lucha y recordándoles a sus semejantes, que los objetivos se alcanzan producto de la constancia. Es un pueblo que históricamente ha sido bastión de lucha y rebeldía. Tenemos una especie de legado generacional de resistencia que es inmutable, donde se han llevado las formas de protestas a otros niveles, todas las noches y madrugadas se detonan bombas, para poner en alerta a los sapos y a los esbirros (como les dicen a los simpatizantes de la dictadura), las pintas en las calles, el aprovechamiento de eventos culturales y religiosos para gritar consignas y ondear nuestra bandera y porque la lucha se respira en cada calle, en cada cuadra.

Por otro lado, Lobo comenta que en las barricadas también se divertían, los autoconvocados solían hacer bromas y pasar el rato en risas, para tratar de calmar el miedo a ser atacados en cualquier momento. “La picardía en cada barricada estaba presente como método para tratar de liberar tensiones. Una de las más divertidas fue cuando se hizo una réplica del cuerpo de la chayo (vicepresidenta), lo metimos en un ataúd y le hicimos un entierro, paseándola por todas las calles de Masaya, donde íbamos disfrazados de agüizotes y en medio de chicheros y algarabía, gritábamos consignas”, rememora.

Para Lobo y MB la resistencia de Masaya no ha caído “ni caerá hasta que se vayan los tiranos”, para ellos, la “Ciudad de las Flores” es un ejemplo de resistencia que no claudicará y le hará la “vida imposible” a Ortega hasta su salida del poder. Es por ello que Masaya siempre ha sido la ciudad rebelde de Nicaragua.

Autor: Multienfoque

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