UNAN-Managua: A un año de la brutal ofensiva policial y paramilitar

Levis
Estudiantes de la UNAN el día de la toma de la universidad. Cortesía Levis Artola.

El ataque paramilitar y policial cobró las vidas de los jóvenes Gerald Vásquez y Francisco Flores

“Siempre hay que pedir por la paz… Ellos (personas autoconvocadas y estudiantes) están llenos con veneno y odio… debemos apelar al retorno del camino a la paz”, expresaba el presidente Daniel Ortega, en un acto desde la estación policial de la ciudad de Masaya, después de ordenar un ataque con armamento de guerra a jóvenes que se mantenían protestando de forma pacífica, atrincherados en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua).

El trece de julio de 2018 Nicaragua vivió varios días en uno: paro nacional, acto de repliegue táctico de Managua a Masaya y el ataque paramilitar y policial a la UNAN-Managua y la iglesia Divina Misericordia; muchos acontecimientos para escasas 24 horas.

Desde el siete de mayo de 2018, jóvenes autoconvocados y estudiantes se tomaron el Recinto Universitario Rubén Darío (RURD), de la UNAN-Managua, en protesta a las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo; así como el irrespeto a la autonomía universitaria por parte de las autoridades de esa casa de estudios, que están alineadas a la dictadura.

Durante dos meses, las y los jóvenes resistieron constantes ataques de agentes policiales y grupos paramilitares (armados por el régimen Ortega-Murillo). Se defendían con lanza morteros, piedras, bombas molotov y algunas armas caseras; contra el armamento militar que portaban los policías y las fuerzas de choque desplegadas por el gobierno.

El simbolismo

La toma de la UNAN-Managua representó un duro golpe para la dictadura, debido a que, con la complicidad de las autoridades de esa casa de estudios y de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), se había encargado de irrespetar la autonomía universitaria y convertir a dicha alma máter en un espacio de proselitismo político.

Oso Guarimbero, exestudiante y exatricncherado de la UNAN-Managua, considera que la toma de dicha la universidad significó un despertar en la lucha por la autonomía universitaria y un desafío directo a Ramona Rodríguez (rectora de la UNAN-Managua y considerada ficha política de la dictadura). “La toma de la UNAN- Managua significó algo muy fuerte y representativo, porque al inicio se decía que los de la UNAN no se tomaron su universidad y que la Upoli (Universidad Politécnica de Nicaragua) sí, lo que hizo la UCA (Universidad Centroamericana). La UNAN históricamente es un bastión de revolución e insurrección popular, tomarnos la universidad que por años significó eso para Nicaragua fue como un golpe de autonomía muy fuerte”, relata.

Al igual que Oso Guarimbero, otra exatrincherada que también prefiere utilizar un seudónimo, Médica Vandálica, expresa que la toma de la UNAN era necesaria y que la llenó de mucho orgullo. Ella ya había concluido sus estudios de medicina en dicha casa de estudios, pero decidió apoyar a las y los muchachos que se tomaron el recinto universitario. “La toma de la UNAN significó una gesta difícil, la toma del recinto más grande. Fue muy significativa para los estudiantes como para la población en general y la urgencia por la autonomía universitaria; yo ya no era estudiante de la UNAN, pero me gradúe ahí, y como egresada, cuando supe que los chicos se habían tomado la universidad fue un gran orgullo”, expresa.

Portada
Fachada de la Divina Misericordia a un año del ataque. Cortesía redes sociales.

Oso Guarimbero y Médica Vandálica fueron parte de la brigada médica de las y los atrincherados, Médica Vandálica estaba encargada del puesto médico “Arlen Siu”. Como compromiso con los jóvenes, ella decidió renunciar a su trabajo y unirse las 24 horas a las trincheras.

De igual forma, para el exreo político y representante estudiantil, Levis Artola, la toma de la UNAN-Managua simbolizó “el compromiso estudiantil con la autonomía universitaria y la democracia en el país”. Artola comenta que él acompañó durante un tiempo a los atrincherados en el recinto, en “cuestiones de organización y enlace externo del grupo central”.

Las interminables diecisiete horas

Cerca de las tres de la tarde del trece de julio de 2018, fuerzas policiales-acompañadas de paramilitares- iniciaron el ataque al campus de la UNAN. Se acercaron en camionetas hasta las barricadas de la rotonda Rigoberto López Pérez y comenzaron la brutal ofensiva con fusiles de guerra contra los jóvenes que se encontraban atrincherados.

Mediante las redes sociales, las y los muchachos hicieron visible el ataque, publicando fotos, videos e incluso transmisiones en vivo por medio de Facebook y Twitter. En los videos se lograban escuchar las incesantes descargas de disparos de los policías y los paramilitares, y en algunas imágenes se lograron apreciar fusiles de guerra. Esto quedó demostrado en el estudio publicado por Bellingcat -sitio web británico especializado en investigaciones de conflictos armados, abusos contra derechos humanos y verificación de hechos- donde se analizaron las imágenes que circularon por las redes sociales, logrando comprobar el uso de armamento militar contra los jóvenes que se atrincheraban en la UNAN.

El estudio “Análisis del Arsenal de los Paramilitares Nicaragüenses”, publicado por Bellingcat, detalla de forma rigurosa las armas utilizadas contra los jóvenes. “Usando información de fuente abierta, este artículo identifica estas armas y otras en las manos de fuerzas paramilitares y policiales”, se lee en el documento. “Fusil Remington 700, M16A1, pistolas Bersa Thunder, Fusiles AK, Radios comunicadores Mototrbo, Galil Arm, Ametralladora tipo PK y Dragunov SVD”, fue parte del arsenal que logró identificar el experto de Bellingcat, Giancarlo Fiorella.

Transcurrida una hora del ataque, algunos universitarios procedieron a grabar videos, donde se despedían de sus seres queridos, porque no creían salir con vida de la ofensiva montada por la Policía y los paramilitares. No obstante, algunos lograron llegar hasta la iglesia Divina Misericordia, ubicada a 600 metros de la UNAN, para refugiarse. Cuando algunos jóvenes llegaron hasta la capilla, se encontraron al vicario Erick Alvarado y al párroco Raúl Zamora, quienes brindaron refugio a las y los muchachos, pero aún quedaban muchos en el campus universitario, por lo que, el párroco Zamora decidió salir por el resto que seguía entre las balas de los paramilitares y policías. Zamora realizó varios viajes, en medio de las ráfagas de disparos -arriesgando su vida-, hasta lograr llevar consigo a los jóvenes.

– ¿Qué se te viene a la mente al recordar el trece de julio de 2018? – pregunto a Médica Vandálica

– Lo primero que se me viene a la mente, es el sonido de las balas, correr y abrazar a los chavalos que conocí en ese proceso y que se convirtieron en mi familia. Mientras estaba en medio de las balas me invadió el miedo, pero luego tuve una sensación de resignación, de tranquilidad, porque si moría, iba a morir haciendo lo que amaba e iba morir haciendo lo correcto, no estaba haciendo nada malo.

Por otro lado, Oso Guarimbero explica que en ese momento -cuando los policías y paramilitares disparaban-, lo invadió un sentimiento paternalista, porque solo pensaba en sacar a sus compañeros de las balas y auxiliarlos. Sin embargo, confiesa que llegó un punto en el que se sintió “agradecido”, por ser él quien estaba entre las balas y no un miembro de su familia.

Jader Flores, La Prensa
Joven en una barricada de la UNAN. Cortesía de La Prensa/ Jader Flores

“El trece de julio lo describiría como la noche más eterna de mi vida, fue algo súper fuerte que dudo olvidar algún día y que me hizo entender lo efímera que es la vida”, reflexiona Oso Guarimbero.

El ataque contra la UNAN fue tan despiadado que provocó que en plena sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), sobre la crisis en Nicaragua, el secretario general, Luis Almagro, exigiera en vivo el cese al ataque contra el recinto universitario. “En este momento, la UNAN, la universidad está bajo ataque. Solicitamos que inmediatamente se detenga este ataque, que inmediatamente se detenga el tiroteo de los que es víctima los estudiantes que están ocupando la universidad”, expresaba Almagro.

– ¿Cómo describirías ese trece de julio? – pregunto a Levis Artola

-Ese trece de julio fue el día más gris y largo de mi vida, el día más estresante. El clima y los colores, las balas, todo era una conjugación del verbo masacrar.

En la Divina Misericordia

Contrario a lo que algunos muchachos pensaban, la ofensiva paramilitar y policial no cesó cuando ellos se refugiaron en la iglesia Divina Misericordia. Las fuerzas del régimen Ortega-Murillo atacaron la fachada del templo y se mantuvieron así hasta la mañana del catorce de julio de 2018. En la capilla se resguardaron el vicario Alvarado, el párroco Zamora, las y los atrincherados y algunos periodistas que cubrían el ataque. Entre los comunicadores se encontraba José Noel Marenco, periodista del medio de comunicación -actualmente clausurado y confiscado por la dictadura- 100% Noticias.

Marenco relata que a él no le pidieron realizar cobertura del ataque e incluso lo hizo fuera de su turno de trabajo. “Como periodista comprendés que no eres comunicador por llevar un uniforme, sino porque te apasiona, y porque el mundo necesitaba conocer lo que estaba sucediendo. Era uno de los capítulos más infames de nuestra historia reciente, estaban masacrando al futuro del país: a niños, adolescentes y jóvenes, y el régimen seguía negando tales actos de atrocidad”, comenta.

El periodista relata que jamás olvidará el patriotismo de los jóvenes que quedaron atrapados con él en el templo. “Pusieron de cabeza a todo un régimen millonario, y movilizaron a todo un grupo de asesinos armados hasta los dientes para expulsarlos de su propia universidad”, rememora.

– ¿Qué pensabas mientras estabas bajo las balas de paramilitares y policías?

– Moriré haciendo lo que amo. Sabes, casi nunca pensamos cómo sería el día de nuestra muerte, preferimos pensar, ¿cómo serán nuestros hijos? ¿Dónde te gustaría jubilarte? Y cosas más triviales, pero nunca te imaginas que por la mañana estarás en tu escritorio escribiendo para el medio de comunicación para el cual trabajas, y por la noche estarás en el suelo, sintiendo la sangre de alguien que se está desangrando a la par tuya, escuchando pasar balas por tu oído, y viendo los sesos destapados de algunos estudiantes.

Al recordar ese encierro en el templo católico para resguardar su vida, Marenco confiesa que no puede contener las lágrimas. De igual forma, algo que lo marcó para siempre fue que en medio de las balas y tirados en el suelo, los jóvenes entonaron las notas del Himno Nacional.

Para Oso Guarimbero, cuando quedaron atrapados en la Divina Misericordia representó el momento en el que decidieron que su espíritu no se quebrantaría, pese a estar cerca de la muerte. “Al final fue como, ‘ ok vamos a sobrevivir sí o sí porque no les vamos a dar el gusto a estos hijueputas de que nos vean quebrados de espíritu y muertos, vamos afuera y a gritar’”, recuerda.

No obstante, los jóvenes tenían presente el riesgo que enfrentaban, esa noche, ese trece de julio pudieron ser asesinados; tenían presente que frente a ellos tenían a policías y a un ejército irregular armado. “Aunque estuviéramos pensando que nos iban a matar, el momento principal fue como decirles, ‘ustedes tienen sus armas, nosotros nuestras tapas, vamos a ver qué es más fuerte ‘”, explica Oso Guarimbero.

Las víctimas mortales

Pese al espíritu, la garra y el compañerismo de las y los muchachos, así como los esfuerzos del vicario Alvarado y el párroco Zamora, fue imposible evitar el asesinato de dos jóvenes, Gerald Vásquez (el chino) y Francisco Flores (el oso).

Estaba amaneciendo, el sol comenzaba a salir, cuando de pronto se escucha: “Mataron al chino, mataron al chino”, luego de eso, Médica Vandálica recuerda que uno de los muchachos, por el impacto de ver a Vásquez sin vida, le agarró fuerte la mano y ella le respondió con un abrazo. “Ver su cuerpo en el comedor del padre y que expirara, una de las imágenes que jamás olvidaré”, recapitula Médica Vandálica, con un tono de voz triste.

José Noel Marenco relata que, cuando Gerald estaba agonizando, él recibe una llamada de Lucía Pineda Ubau -su entonces Jefa de Prensa- y no aguantó el dolor y se “soltó” en llanto por Vásquez, y al pensar que ellos podrían tener el mismo destino.

“Para mí es super fácil recordar a Gerald, porque cada que escucho una canción de folclore es super sencillo. Ver a su mamá siempre fuerte y digna, dando la cara por los demás, es lo que era Gerald”, sentencia Oso Guarimbero.

Tanto Médica Vandálica como Oso Guarimbero, se muestran muy sentidos por el asesinato de Francisco Flores (el oso). Flores quedó tirado por un buen tiempo en el pavimento, sus compañeros no podían recogerlo porque estaban muy expuestos a los paramilitares y policías.

Llegada de los muchachos
Jóvenes recibidos en Catedral. Cortesía de La Prensa/ R. Fonseca

Oso Guarimbero confiesa que el asesinato de Flores lo atormenta, le es imposible no recordar a su compañero. “Personalmente, lo que más me duele es que no pudimos atender a Francisco Flores, el oso, y es una culpa que me atormenta, a menos a mí, porque siento que era imposible salvarlo, pero al menos hacer el intento”, rememora.

Cuando asesinaron a Francisco Flores, los policías y paramilitares seguían disparando, sus amigos solo veían de lejos el cuerpo ya sin vida de su “compañero de lucha”, quien solo portaba un lanza mortero como defensa. “Su cuerpo estuvo tirado en la calle y ninguno de los chavalos pudo ir a traerlo, porque si salían eran otro blanco fácil -se toma una pausa e inhala un poco de aire-, porque ya había luz del día. Hasta que se pudo salir por él se trajo su cadáver, se puso en una mesa y con la bandera encima, él se quedó con su lanza mortero en la mano, y con una sonrisa, eso es convicción” recuerda con pesar Médica Vandálica.

Luego, expresa con decisión, al recordar la muerte de Francisco Flores, “ninguna de las muertes de esos chavalos puede quedar impune”.

El catorce de julio de 2018, por mediación del Cardenal Leopoldo Brenes y del Nuncio Apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag, los muchachos lograron salir de la iglesia Jesús de la Divina Misericordia, donde un autobús los transportó hasta la Catedral de Managua. En el ataque se contabilizaron decenas de jóvenes heridos (dieciséis) y los asesinatos de Gerald Vásquez y Francisco Flores. Al llegar a la Catedral de Managua, fueron recibidos calurosamente por la población, que se desbordó para saludarlos con banderas de Nicaragua y dejarles alimentos.

Así era el atrincheramiento

Médica Vandálica y Oso Guarimbero rescatan que en el atrincheramiento las y los muchachos crearon lazos de compañerismo fuerte y pese a la tensión, siempre habían momentos alegres o de diversión entre ellos.

“Cuando nos mandaban los drones a vigilarnos, recuerdo que había un momento en que los chavalos hicieron una canción -comienza a recitarla-, ‘ya queremos, ya queremos, ya queremos que venga el dron, para turquearnos con esos cabrones, chico López (fiel aliado del régimen Ortega-Murillo, que tiene una casa cerca de la UNAN) es un frijolón ‘”, cuenta Médica Vandálica.

De igual forma Médica Vandálica llegó a ver a los muchachos como su familia, la unión y el compañerismo en las trincheras, así como el sentimiento patriótico, propiciaron un ambiente familiar. “Recuerdo cuando llegaba del trabajo y los chavalos se ponían a jugar fútbol, llegaban y me abrazaban como ‘ahí viene la doc’ (sip.), esa es una de las cosas que no olvido, me sentía cuando llegabas a tu casa y te recibía tu familia”, rememora.

Levis Artola, Oso Guarimbero y Médica Vandálica coinciden en que: “UNAN-Managua no cayó”. Para ellos el espíritu sigue vivo, el deseo de ver una Nicaragua libre y democrática, el respeto a la autonomía universitaria, son los alicientes que ejemplifican que la UNAN sigue “en pie, aguerrida”.

Autor: Multienfoque

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